El viernes amaneció nublado, pero la temperatura era templada. Hice la misma rutina de todos los días, y me fui al WBS.
Tengo que coger dos buses para ir para allá: el 7 o el 8 que me acerque al centro de Wellington, y el 91 que me lleve al WBS. Las horas las tengo cogidas ya: salgo a las 7:15 de mi casa para coger el 7 a las 7:18 o el 8 de las 7:23. Llego a Wellington a las 7:30~7:35, y el 91 pasa a las 7:41, y llego a las 8:10 al WBS. Es una rutina bastante fácil de seguir, porque el margen es bastante amplio, y en caso de perder algún autobús, pasa uno cada 15 minutos, y tendría tiempo de llegar al WBS antes de las 8:30 que es cuando empiezan las clases.
Tengo que coger dos buses para ir para allá: el 7 o el 8 que me acerque al centro de Wellington, y el 91 que me lleve al WBS. Las horas las tengo cogidas ya: salgo a las 7:15 de mi casa para coger el 7 a las 7:18 o el 8 de las 7:23. Llego a Wellington a las 7:30~7:35, y el 91 pasa a las 7:41, y llego a las 8:10 al WBS. Es una rutina bastante fácil de seguir, porque el margen es bastante amplio, y en caso de perder algún autobús, pasa uno cada 15 minutos, y tendría tiempo de llegar al WBS antes de las 8:30 que es cuando empiezan las clases.
No había tenido ningún problema con los autobuses, hasta hoy. Cojo el 7 para ir a Wellington, y llego sin ningún problema. Me pongo en la parada (que es la misma en la que me bajo) a esperar el 91. 7:41, no viene. 7:45, no viene. 7:50, sigue sin venir. 7:55, más de lo mismo. Al final, a las 8:00 le veo aparecer y me dispongo a esperar que me abra la puerta en la parada; y veo que, con toda parsimonia, pasa por delante de la parada sin parar, haciéndolo unos 15 metros más allá. Me presupongo que para dejar sitio al resto de los autobuses que tiene detrás para que puedan parar en el badén que hay para ellos. Voy corriendo para que el autobús no pierda tiempo esperando, y cuando llego a su altura, veo que las puertas siguen cerradas. Le doy al cristal de la puerta para notificar mi presencia, y el conductor se gira, me ve, y cuando va a abrir la puerta, no sé qué le pasa por la cabeza, que cambia de opinión y arranca el autobús. Al principio no me di cuenta de qué hacía, pero cuando mi cabeza me dijo “Te va a dejar en tierra” y escuché la risa de unos adolescentes que iban por la calle y que se aprovecharon de mi situación para pasar un buen momento, decidí que ni hablar me iba a dejar tirado después de haber esperado 20 minutos.
¡¡Por mis santos cojones!! (Con perdón, pero es lo que se me pasó por la cabeza).
Así que empecé una carrera desesperada tras el autobús por Lambton Quay (que es como la calle Princesa de Madrid, pero con menos coches) suspirando que los semáforos le frenaran y después de haberle dedicado un “soneto” en voz alta al conductor que incluía contadas veces una palabra inglesa cuya primera letra es la F y termina por CK. Y después de recorrer dos paradas sin que el autobús se detuviera, conmigo siguiéndole los talones, finalmente se detuvo en una para recoger a un pasajero, lo que aproveché para subir al autobús y preguntarle al conductor por qué no había parado. Y después de decirme que no me había visto, que no estaba en la parada, que no podía abrirme donde realmente había parado porque era ilegal, y demás chuminadas, me dijo que me bajara. “¿Bajarme? ¿Estás bien de la chota?” – pensé. “Ni de coña me bajo ahora después de que no me abrieras, y más cuando encima me he subido legalmente en otra parada, después de recorrerme medio Lambton Quay.” Mi única respuesta fue quedarme de pie parado, mirándole con mala cara, e intentando que los pasajeros me apoyaran preguntándoles si de verdad estaba o no en la parada. La única respuesta que escuché fue el sonido de los coches de la calle. Al final, el conductor me dijo que si pasaba o no pasaba, e ipso-facto me colé dentro.
Con todo eso, la tensión y el estrés, y juntando que no había cenado el día anterior, y tampoco desayunado (fue el último día que no desayuné), notaba que me faltaba el aire y se me iba la cabeza. Pedí a la mujer que viajaba conmigo un caramelo o algo con azúcar. Me dijo que no tenía y en la siguiente parada se cambió de sitio. Me olí el sobaco a ver si ese era el causante, pero olía al desodorante DIA que compré en Madrid.
Llegué a WBS 5 minutos después de que empezaran las clases, ni tiempo tuve para hacerme un café ni nada. Y además estaba tan enfadado que estaba totalmente distraído. De lo que si me enteré fue de que al día siguiente, sábado, iba a haber un casting de elfos para la película “El hobbit”, la precuela de “El Señor de los Anillos”, para participar como extra.
Después de que se acabaran las clases estuvimos un rato por Lower Hutt y luego yo me volví a Wellington para descansar, ya que decidimos salir por Wellington esa misma noche.
A la vuelta a Wellington me encontré con dos compañeros del WBS, un chino y un coreano. Me uní a ellos durante el viaje, y tenía que soltarles las palabras casi a balazos, dándoles temas de conversación. Les di mi número de teléfono si querían salir después, pues iban a estar todo el día en Wellington, y que me llamaran/avisaran. No tuve ninguna señal de ellos.
Ya por la noche, quedamos en Cuba St., que es una calle peatonal llena de restaurantes o bares, y allí conocimos a una pareja chilena y a una española que estaba trabajando aquí en parques nacionales. Todos llevaban unos 6 meses y tenían otros 6 meses de estancia aquí.
Esa misma noche se nos unió un chico brasileño del WBS, con el que estuve hablando casi toda la noche. Me dijo que era fan de “El Señor de los Anillos” y que tenía pensado ir dentro de dos semanas al lugar donde se rodó la parte de Hobbiton (donde viven los hobbits) que se conserva íntegra. Le dije que contara conmigo para ese viaje, y aún lo estamos preparando.
A las cuatro nos fuimos para casa, y llegué a la mía a las 4.30 más o menos.
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