Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

29 mar 2011

Lunes 28

Me he levantado a eso de las 7:00 para escribir el blog que lo tengo atrasadísimo. Estaba concentrado en mi tarea cuando he oído decirle Gillian a Seb “Despierta a Álvaro”. Y el niño se a puesto a gritar para que me despertara… ¿¿CÓMO?? ¿Que el niño grita para despertarme? O sea, que siempre que grita el niño es para despertarme… ¡¡Me cago en to’!!"

Me he levantado del escritorio, y le he dicho a Gillian lo siguiente: “Estaba levantado ya”. Toma. Espero que haya pillado la indirecta, y que no incite al niño para despertarme, porque luego hecho pestes del niño, cuando en realidad es la madre la culpable…

A lo que iba. Gillian me quería despertar porque tenía que contarme que hoy a las 16:00 Seb tenía que ir a la clase de Kung-Fu, ya que el viernes se fue de campamento y se la perdió, por lo que se la pasaron al lunes. Y luego traerle a casa, hacer los deberes, cenar e ir a los Scout. “De acuerdo, sin problema”. Se ha ido después de eso, y yo he seguido a lo mío.

Luego he acompañado a Seb a clase y me he ido a la mía. Allí ya estaba Glen con Nicole preparando la primera clase de hoy, puesto que Glen iba a trabajar con los niños individualmente. Creo que ya lo nombré en otra entrada, pero no estoy seguro, y es que Nicole nunca ha dado clase. Ha terminado la carrera de 4 años, y todavía no se ha enfrentado a la realidad de enseñar a los niños. Es algo que no entiendo, porque como no te guste, o tu primera experiencia sea negativa… puede lastrarte mucho en el futuro. Y la verdad, es que no he contribuido a que su bautizo fuera bonito, y es que cuando ha preguntado un voluntario para hacer una actividad que los niños suelen hacer todos los días (realizar los sonidos que hace cada letra del abedecedario), yo le he dicho que saliera un niño que, luego he pensado, era un horror. "¿Por qué?" Porque es un niño del grupo de los menos avanzados… Y le ha costado horrores terminar. Ahí ha sido cuando me he dado cuenta de que debería haber sacado al mejor para conseguir que Nicole se sintiera segura con lo que hacía… Pero bueno, así han sido las cosas, y luego me he disculpado.

Después del morning tea, he dado una clase de soccer a 6 niños, porque Glen me ha dicho que, a partir de hoy y hasta el jueves, tengo dar clases de 20 minutos a esos niños que he dicho. “Ningún problema, pero tengo que prepararme las sesiones porque el fútbol que he enseñado está enfocado para alumnos más mayores, y con un carácter grupal, de equipo, no tanto individual” y me ha contestado que de acuerdo, pero que empezara hoy. Así que al final, he hecho una sesión tal y como me ha venido a la cabeza: pases entre compañeros, tiros a puerta, reconocimiento del campo en el que se juega, remates de cabeza… todo menos partido. Al final he estado 40 minutos, pero Glen me ha dicho que no pasaba nada.

En el lunch me he hecho un sándwich de bacon con huevo frito, con lechuga y mayonesa. Buenísimo. Me he intentado conectar o hablar con alguien por Skype, pero con lo del cambio de hora… cuando yo llego a las 12:45, en España son las 1:45, y es bastante tarde para entablar conversación con alguien…

Ya en el colegio, he dado clase de Ed. Física a los alumnos. El primer ejercicio ha consistido en que los alumnos, en parejas, tenían que perseguir a su compañero siempre a la misma distancia, sin perderlo de vista, mientras que el otro, tenía que intentar perderle como fuera, corriendo, haciendo cambios bruscos de sentido… El segundo ejercicio ha sido un Policías y Ladrones de toda la vida; y por último, otra vez en parejas y mirándose de frente, uno de ellos tenía que girarse mientras el otro se cambiaba algo de su ropa o de su apariencia. Cuando terminara, avisaba al compañero, y este tenía que adivinar qué se había cambiado. Con este juego se ha llegado al final, y hemos vuelto a clase para que recogieran sus cosas.

Cuando han salido, he ido a por Seb, y he cumplido a rajatabla lo que me dijo Gillian por la mañana. Le he llevado al Kung-Fu, y le he recogido una hora más tarde. Luego hemos hecho la tarea, y finalmente ha llegado Gillian para llevarle a los scouts. Antes de que se fueran le he preguntado a Gillian que si podía usar su bici para dar una vuelta con ella, a lo que me ha respondido, en resumen, “No, si no te importa”. Pues nada, me iré arriba a terminar cosas… Y después de hablar por Skype con Bea durante hora y tres cuartos, me he ido a la cama.

Domingo 27: Cape Pallister

Nos despertamos bastante cansados todos, puesto que el día anterior sólo dormimos un par de horas, y hoy habíamos dormido tres horas y algo. Cogimos rápidamente el coche, tras recoger la casa de David, para que los padres no se la encontraran patas arriba. Paramos en una gasolinera para repostar y para comprar algo de desayuno, y empezamos el viaje que nos llevaría a la costa Sur, donde teníamos pensado ver una colonia de focas que hay en Cape Pallister durante todo el año, y volver a Wellington a las 18:00, puesto que había que devolver los coches a esa hora, o nos cobraban un día de más. El viaje fue bastante entretenido, y no hicimos ninguna parada hasta que no llegamos al sitio mencionado. Al principio pensábamos que no habría ninguna foca, cuando de repente, vimos una y paramos el coche. Y poco a poco fue como si nos acostumbráramos a la luz: aparecían focas por todos lados… ¡Teníamos una a menos de 7 metros del coche! Nos bajamos y estuvimos haciéndonos fotos con las focas a menos de 2 metros.

De pronto empezó a llover como si nos invitaran a irnos, pero nada de eso, avanzamos un poco más, y en un saliente hacia el mar, tras un pequeño paseo, vimos dónde estaban las crías. Había como mínimo 30/40 crías, todas chillando y berreando, jugando… Nos acercamos a ellas lo más que pudimos sin despertar sospechas de los adultos, hasta que una foca se giró hacia nosotros, y empezó a caminar hacia nosotros… En ese momento, nos dimos media vuelta, e hicimos un pequeño sprint hacia el coche, por si las moscas. Y es que, en el sitio anterior, donde vimos a las primeras focas, estas reaccionaban bastante mal si te acercabas en exceso, puesto que te enseñaban los colmillos con la boca abierta, la cual estaba roja de sangre (de pescado supongo, como fuera de hombre no hubiera durado allí ni dos segundos) y era bastante acongojante. Además, que llovía que daba gusto, por lo que la zona donde estaban las focas era peligrosa, porque eran rocas en la costa, y era muy fácil resbalarse.

Por esas cosas, cogimos el coche y retornamos a Wellington esperando parar en un sitio para comer. El sitio elegido fue Martinborough. Y llegamos allí y era un pueblo con una calle principal, con tres restaurantes, y poco más. Afortunadamente, uno de ellos era bastante decente y pudimos comer allí. Continuamos la marcha, con la incertidumbre de si llegaríamos a la hora o no. Rápidamente nos dimos cuenta de que íbamos bastante bien de tiempo, y cuando llegamos a Wellington tuvimos que repostar, y, finalmente, dejamos el coche en la empresa. El coche, que no lo he dicho, era un Toyota Previa de 8 plazas. La verdad es que al principio era bastante incómodo, pero descubrí que se podían mover los asientos, y los modifiqué de tal forma que se pudieran tumbar para quien quisiera dormir y mover para que entraran mejor las piernas.

Yo me volví a casa, a tiempo para ver la F1, aunque apenas me enteraba de nada, porque estaba cansadísimo. Un rato después llegaron Gillian y Seb que habían estado cenando fuera. Les dije buenas noches, y me fui a dormir a las 21:00.

Sábado 26: Rivendel y Castlepoint

Nos despertamos un poco más tarde de lo previsto. Nos levantamos, desayunamos un sándwich de bacon, y salimos a recoger al resto, dispuestos a llegar a Castlepoint.

Fuimos en coche hasta un parque natural que está al lado de Wellington, llamado Kaitoke Regional Park, que fue donde rodaron la ciudad de Rivendell en “El Señor de los Anillos”. Y siguiendo las indicaciones, finalmente llegamos. La ciudad de Rivendell en la película, los que hayáis visto la película era bastante bonita, con un río, montañas, bosque… La ciudad de Rivendell en la actualidad no existe. Tal cual. Levantaron el set y se piraron. Por lo tanto, lo que te van anunciando es una especie de jardincito, y un árbol con muchas raíces que si aparece en la película es durante un fotograma y medio. Aunque eso sí, el parque en sí era bonito, pero nada más.

Si pinchais en el siguiente enlace, podéis ver lo que queda de Rivendell:


Continuamos nuestro viaje, y paramos a comer en Carterton, en un restaurante típico americano, pero bastante mal organizado. Comimos no muy bien, pero tuvimos una comida, al fin y al cabo. Luego paramos también en la misma ciudad para ver una tienda donde hacen las conchas famosas de Nueva Zelanda, llamadas Paua, que tienen muchos colorines.

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Y nos pusimos en marcha otra vez. Finalmente llegamos a Castlepoint, un pequeño pueblecito costero, en una bahía, con un par de cabos, y un faro en uno de ellos. Subimos hasta donde estaba el faro, y nos quedamos embobados con las vistas. No eran espectaculares, en el sentido de lo más bonito del Universo… pero eran impresionantes. Veías claramente el océano Pacífico, detrás, a menos de unos 10 km, unas montañas considerables, el viento, la inmensidad… todo en sí hacía que te quedaras inmerso en un algo, en un pensamiento vacío mientras contemplabas todo aquello.

Estuvimos allí cerca de una hora y media, observando todo aquello, medio anonadados, y volvimos para Wellington. Cuando llegamos decidimos hacer una paella para cenar, en casa de David, y luego fuimos a la ciudad para salir por la noche un rato. Luego volvimos todos a Lower Hutt a dormir en casa de David para no tener que recoger a la gente con el coche, y no perder tiempo en salir al día siguiente.

Viernes 25

El viernes me volví a despertar más tarde, porque Seb no durmió en casa. Pero me dio tiempo a hablar con Gillian sobre lo que los españoles íbamos a hacer este fin de semana: nos íbamos a la costa Este de la Isla Norte, porque el paisaje es precioso, y al Sur, en una zona donde hay una colonia de focas. Me dijo “ok”, y se fue.

Yo me fui al colegio. Hoy tenía excursión con la clase de los mayores, que tienen 12 años (los mismos con los que, el día anterior, fui a jugar al fútbol), al festival de arte/s que tiene lugar en Wellington llamado Capital E. En este caso, fui invitado por uno de los profesores del centro, para acompañar a los tres tutores y a unos cuantos padres y echar una mano. Pero los alumnos de 12 años son más responsables que los pequeños, así que exigen menos atención, por lo que puedes disfrutar más de las obras.

En la primera de ellas, un hombre estuvo haciendo música con numerosas cosas, tales como globos, sillas, zanahorias, tubos de plástico, guantes… cualquier cosa le servía para hacer sonidos. También tenía una mesa para mezclar, y utilizaba los distintos sonidos que producía para hacer armonías con ellos.


La segunda obra, después del morning tea (que por cierto, durante el morning tea, entré en una tienda para comprar Coca-cola, y cuando iba a pagar, un hombre me dijo que me invitaba, y pagó con un billete de 20 $NZ; me quedé sorprendido, y le di las gracias. Luego me di cuenta de que posiblemente, me faltaban 20 $NZ de mi cartera, aunque no lo sé muy bien), es la mejor de las 5 que he visto del festival. En ella se cuenta la historia de un niño que juega muchísimo a los videojuegos, y que no hace caso a su hermana ni a su mejor amigo, así como a su madre. Una tarde está jugando a la videoconsola, cuando una mariposa entra en su habitación y le incomoda mientras juega. El niño, asqueado, persigue a la mariposa por su cuarto, hasta que ésta sale del mismo y el protagonista sale a la calle para acabar con ella. Es entonces cuando empieza una especie de viaje místico, en el que aprende que los videojuegos no le aportan nada a su vida. Cuando vuelve a casa, su comportamiento con los suyos cambia de repente, y olvida los videojuegos para siempre. La obra tenía muchos juegos de luces, con claroscuros para que unas personas vestidas de negro pudieran mover objetos como si de magia se tratase. Me pareció una obra complicada para los alumnos, pero sí que estaba bien ambientada y actuada.

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La tercera obra, tras “lunchear”, era una especie de baile en medio de Civic Square, delante del Ayuntamiento de Wellington, sobre “naturaleza y reciclaje”. Pero vamos, que podía ser sobre cualquier otra cosa que pudierais imaginar, porque lo único que hacían era bailar y moverse… Lo siento, mi sentido sobre este tipo de actuaciones, en las que se supone que pasa algo, es nulo. No veo nada más allá, sólo bailarines “danzando”.

Una vez terminada, volvimos al colegio, justo cuando las clases habían terminado. Luego tenía que ir a casa de Glen, que celebraba una barbacoa. Cada profesor que acudiera, tenía que llevar una cosa de comer, ya que es una costumbre de aquí: llevar algo para el anfitrión. Yo elegí hacer sangría, puesto que todos los kiwis que han ido a España o que conocen España tienen una cosa en común: les encanta la sangría. El problema es que aquí el alcohol es muy caro, así que con todo el morro le comenté a la profesora de la clase de al lado, que es la que llevaba todo el tema de comidas y platos, y cuyo nombre es Felicity, que el vino estaba muy caro, y que no podía permitírmelo. Ella, al oír hablar de sangría (ella ha estado en España y algunos años en Sudamérica, y le encantó), lo único que me dijo fue: “Tú sólo dime qué necesitas, y yo te lo compro”. Genial. Le dije la receta ayer y hoy tenía hecha la compra. Lo malo es que compró Sprite en vez de zumo de limón/Fanta limón, aunque finalmente eché zumo de naranja que Glen tenía por casa. Por lo tanto, yo ya cumplí con la tradición de llevar algo al anfitrión, pues preparé la sangría. No quedó mal, aunque a mí me parecía que le faltaba un poco de azúcar, pero puede que fuera por tener zumo de naranja en vez de zumo de limón. Aquellos que la probaron dijeron que estaba buena y sabrosa.

Pero antes de eso, estuve hablando con Nicole, porque me dijo que ella iría en coche hasta allá, y me dijo, puesto que no sabía dónde estaba la casa, que si quería me podía acercar a mí también. Así que teníamos que concretar la hora a la que me iba a recoger. Quedamos a las 16:30 en mi casa. A mí me parecía tarde, porque la barbacoa empezaba a las 16:00, pero como encima me llevaba, no dije nada.

Me fui a mi casa, y me dispuse a terminar unas entradas del blog, mientras la esperaba. Pero no lo hacía. Y seguía sin venir. Me mandó un sms diciéndome que salía para recogerme a las 16:50, pero seguía sin venir. Al final llegó a las 17:30 acompañada de su hermana (gemela), y es que resulta que la hermana se había retrasado por no sé qué historias que no vienen al caso.

Llegamos allí con toda la gente ya repartida, pero afortunadamente no habían empezado a comer. Hice la sangría, y estuve hablando con distintos profesores. Al final se hizo la carne y demás, y empezamos a comer. Había salchichas, filetes, patatas, maíz, pan, hamburguesas de tofu, salsa, y muuuchos postres (había un tiramisú, del cual comí un cuarto del total…).

Cuando llegó la hora de irse, me despedí de todos y me fui a Wellington a un evento benéfico, llamado “Cuba 4 CHCH” (no el país, sino la calle Cuba St.) ya que en los locales de dicha calle había una serie de conciertos y monólogos. El acudir a los conciertos te costaba 10 $NZ y podías ir a tantos como quisieras.


Para ir quedé con un par de japonesas y una alemana que era su primera semana en Wellington, y que iba al WBS. Cuando terminaron los conciertos, quedamos con el resto de los españoles y una filipina del WBS y con la que salimos un fin de semana (el que aún no he posteado), que habían venido más tarde y en coche. Pronto volvimos para casa porque al día siguiente íbamos a dormir en casa, ya que al día siguiente teníamos viaje. Yo me fui a dormir a casa de David, que tenía la casa libre, para no tener que ir por la mañana a Lower Hutt, lo que me llevaría una hora. La hora de amanecer eran las 7:30 de la mañana.

Jueves 24

Me he levantado bastante despejado en comparación con los otros días. Seb no dormía en casa, por lo que he aprovechado y me he levantado más tarde de lo normal. Tanto, que no he visto a Gillian por la mañana, puesto que se ha ido cuando yo estaba remoloneando en la cama. Esto de remolonear se está convirtiendo en algo bastante peligroso, porque es algo que te va afectando y no haces tampoco mucho por evitarlo… ¡se está tan a gustito en la cama!

Fui a clase, y antes del morning tea, los niños hicieron las historias en las que tienen que cumplir una tarea propuesto por el profesor.

Después del morning tea, Glen se tenía que ir a un funeral por que una chica de 21 años, hija de una ex-profesora del colegio, falleció hacía dos días. Yo de esto no me acordaba (lo anunciaron el martes durante el morning tea en el Staff Room) y según llegué a clase, vi a Glen más arreglado de lo normal, y le dije que si iba a alguna boda… Cuando finalmente lo recordé, pensé “Tierra, trágame”. Nicole me dijo que no pasaba nada, que no le diera importancia, pero la verdad es que al menos te sientes un poco estúpido.

El caso, que como se iba, nos dejaba a cargo de la clase hasta el lunch. Por lo tanto, Nicole y yo nos haríamos con el control de los alumnos y de la sesión. Para ello, nos dejó una tabla con los famosos grupos, y con las respectivas tareas que esos grupos tenían que hacer: leer pequeños libros (little books - LB), leer libros grandes (big books - BB), hacer letras con letras magnéticas y una pizarra metálica del tamaño de un cuadernillo (magnetic letters - MG), leer un libro y formular preguntas para asegurarnos que se han enterado (teacher - T), coger el libro que quieras y leerlo (libray shelf - LS), y por último, escribir la mayor cantidad de palabras que puedas (write words - WW). La verdad es que los alumnos funcionaron bien, no armaron líos, e hicieron su trabajo perfectamente.

Cuando terminaron recogieron la clase, y fueron a tomar el lunch. Yo me vine a casa, y comí la pasta que hice el día anterior. Divina.

Ya de vuelta al colegio, y si recordáis que un profesor me invitó a acompañarlos a jugar al “soccer”, me fui con los mayores, que tienen 12 años, a jugar al fútbol a un campo que hay cerca. El campo era de rugby, enorme, pero los profesores que iban con las clases (tres clases, con 35 niños en cada una), dividieron el campo en dos. Los chicos jugarían en un lado del campo, y las chicas en otro. Las chicas que mejor jugaran lo harían con los chicos. Se hicieron dos equipos por cada campo, y yo me puse a jugar con los chicos un partido.

Hacía un mes que no practicaba algún deporte, que tocaba algún balón, que corría… Tras unas cuantas carreras, estaba cansadísimo, pero no podía parar… ya que no sabía cuándo sería la próxima vez que jugaría al fútbol. Los niños se distribuían bastante bien por el campo, con las posiciones típicas del fútbol: goalkeeper (portero), defender (defensa), mildfield (centrocampista) y striker (delantero).

En cuanto al nivel, había algunos niños que jugaban bastante bien. Y es que, el fútbol (o soccer, como dicen ellos) es el deporte nacional aquí en NZ. Se practica mucho, los niños pequeños juegan al fútbol antes que a ningún otro deporte, y se sigue mucho. El rugby y el cricket, en cuanto popularidad, son deportes secundarios comparados con el fútbol; aunque sus selecciones nacionales (All Blacks y Black Cups, respectivamente) sean bastante más competitivas que la de fútbol (All Whites).

Una vez terminado el partido, el profesor que me invitó a venir (Clent), estuvo haciendo divisiones de los alumnos, para hacer los famosos grupos de nivel, ya que la semana que viene cada grupo realizará un entrenamiento. Clent me preguntó que si quería darles clase, y yo respondí que de acuerdo, que me prepararía una sesión de fútbol para ellos.

Volvimos al colegio, y Glen y la clase estaban en la biblioteca municipal, así que estuve con otra clase y con su profesora haciendo Ed. Física. Y resulta que, esa profesora, pensaba que era una borde y una antipática, porque nunca me saludaba; pero en realidad es bastante maja, y espero que a partir de ahora me salude cuando nos crucemos por el colegio.

Volví a casa, sin Seb, puesto que se iba con Simon, y decidí irme a Wellington a darme un paseo yo sólo y así no tener que quedarme en casa. Me fui a la embajada española, que hacía tiempo que quería pasar por ella, para saludar e informar de mi presencia en NZ. Allí, una mujer, que creo que era cántabra, me saludó, y me preguntó si había rellenado el impreso con mis datos, para en caso de haber algún problema, localizarme rápidamente. Le contesté que lo hice por Internet, a lo que me dijo que mejor hacerlo a mano porque el de Internet se guarda en el servidor de Internet de Madrid, y que era trabajoso acceder a esos datos desde aquí. Me dio unos papeles, y me invitó a acudir a las 17:30 del jueves a la sesión de cine de la última semana del mes. El mes pasado no pude ir porque tuve que cuidar del niño, y porque creía que se hacía cada jueves de la semana; y no dije a Gillian de no cuidar a Seb por eso, porque pensaba ir otro jueves cualquiera. Pero una vez, y no más. El jueves que viene iré a la embajada.

Después continué con mi paseo, conocí a una pareja española que hacía una ruta por NZ y que se iban a la Isla Sur al día siguiente. Y a un vasco que era su tercera estancia en NZ.

Me fui para casa, y estuve viendo una película mientras cenaba, ya que Gillian se había ido al teatro, y llegaría tarde. Me preparé un filete de ternera, estilo escalope, que estaba un poco soso. Después empecé a escribir las entradas antiguas para el blog, y me fui a la cama.

Miércoles 23

Me he despertado bastante confundido. Me dolía la cabeza, tenía la nariz taponada, y mi boca estaba sequísima, seguramente porque había pasado la noche entera con ella abierta porque no podía respirar por la nariz.

Gillian me ha dicho que tenía que traer a Seb a casa, y darle de cenar a eso de las 16:30 de la tarde, y que Simon le recogería a las 17:00 para llevarle a la piscina. Y en cuanto estaba diciendo eso, ha recibido un sms de Simon diciéndole que sería él quien recogería a Seb del colegio hoy, y mañana. Por lo tanto, y palabras literales de Gillian, “no tienes que trabajar ni hoy ni mañana”. Se ha dado la vuelta, y se ha ido, y mientras se estaba dando la vuelta ya estaba saltando con el puño en alto (de verdad de la buena). ¡¡Dos días más sin trabajar!! ¡Genial!

He ido al colegio con Seb, y le he avisado que luego le recogería Simon, y me ha dicho que ya lo sabía. Le he dejado en su clase, me he sacudido las manos, y me he ido a la mía. Allí ya estaban Nicole y Glen.

Antes del morning tea, he ayudado a los alumnos a escribir una pequeña historia o una pequeña narración de lo que ellos quieran, y que sirve para evaluar su capacidad escrita mediante superación de metas propuestas por el profesor, como, por ejemplo, “Escribir mi historia con una frase que incluya “y” o “porque” para que sea más completa”.

Después del morning tea han hecho los típicos grupos que le gustan a Glen (los 6 grupos con nombres de animales). Y ya me he enterado porqué los hacen: en NZ los alumnos de una misma clase se dividen en grupos, de forma que los integrantes de dichos grupos tengan el mismo nivel académico entre sí. Por eso, dependiendo del grupo, te encuentras con niños muy válidos y muy despiertos, o uno que tienes que estar insistiéndoles todo el rato en que averigüen la solución o lo que tengan que hacer. A veces llegaba a ser desesperante el porqué con unos grupos las cosas salían perfectas, y luego con el siguiente no funcionaban. Ahora sé el porqué, pero no entiendo las razones que tienen para dividir a los niños. En mi opinión, los alumnos que son más avispados, o más capaces están en continuo contacto con los alumnos que no lo son, de alguna forma tiran de ellos para que se incorporen al ritmo normal de la clase, y al nivel que desde la legislación se estipula. Sin embargo, en NZ los niños más avanzados se nutren entre ellos, y su avance intelectual es rápido, mientras que los niños con aprendizaje lento, no tienen con quien ayudarse, porque el nivel en el que se mueven es el mismo que el suyo, por lo que, yo creo, la desmotivación acaba por alcanzarles. No en estas etapas, pero sí en el High School (la Educación Secundaria, que empieza cuando tienen 13 años).

Hoy para el lunch tenía pensado hacer un perolo de pasta. Así que antes de salir por la mañana, le pregunté a Gillian si podía hacerlo. Ella me dijo que sí, que además ella iba a estar ocupada en una reunión por la tarde, y llegaría tarde a casa, así que podía hacerme la cena. Le contesté que tenía pensado hacer pasta para “lunchear”, no para cenar; pero que si ella no iba a estar en casa para cocinar, le podía preparar un plato de pasta para que no tuviera que hacerlo tras un largo día de trabajo. Le gustó la idea, y así, cuando llegué a casa, me puse manos a la obra. Cocí pasta, freí un poco de bacon, y cuando la pasta estuvo terminada, lo mezclé todo con un poco de mantequilla y unas hierbas italianas (orégano, albahaca, y no sé qué más). No tenía nata para echarle, y no me atrevía con la leche sabor queso que tienen en esta casa, así que lo dejé como estaba. En la nevera había queso, y había tomate, así que si lo encontraba “soso”, podía acompañar la pasta con una de esas cosas.

Yo tomé un poco de mi obra, y me pareció que los espaguetis sabían distinto de España, pero no estaban malos. Y volví al colegio sin poder conectarme al Skype. Una vez allí, y después de tomarme un paracetamol, me encargué de los alumnos (esta vez divididos en tres grupos: blue, green and red). El juego consistió en representar acciones cotidianas y rutinarias que cada uno tuviera a lo largo de un día normal. Y la verdad es que salió genial, a los niños les gustó, e incluso, uno de los profesores, el del primer día que izaba la bandera, me preguntó que qué era lo que tenían que hacer, y me dijo encantado que me pasara un día de la semana que viene por su clase para verla y ayudarles en lo que pudiera. Le respondí encantado que sí.

A todo esto, el martes Glen me dijo que, en la próxima semana, durante un par de días, me iba a mandar a distintas clases para que las viera y conociera un poco más el colegio; y además, me encargó la tarea de dar a 6 alumnos clases de español (6 al principio, pero puede que más tarde se apuntaran más), aunque esto último lo veo un poco difícil.

Después del colegio, y de NO tener que cuidar a Seb, quedé con algunos de los españoles en Courtenay Place para tomar unas cervezas, y luego volví pronto a casa. Cuando estaba volviendo, Gillian me envió un mensaje que diciendo que la pasta estaba sabrosa, y que era agradable encontrarse la cena preparada sin tener que cocinar. “Prueba superada” – pensé. Y es que vete tú a saber si la pasta le iba a gustar o no…

Ya llegué a casa y estuve hablando con ella. Me dijo que mañana y pasado no iba a estar en casa tampoco, así que me tenía que currar algo para cenar. “Ningún problema, creo que podré sobrevivir”, la dije.

Me fui a mi habitación y estuve intentando escribir algo para el blog, pero mi cabeza me daba vueltas, porque me había tomado un paracetamol y una pastilla para la congestión nasal, cuyo prospecto dice que puede causar somnolencia en algunas personas. Yo era una de esas personas.

Martes 22

El día de hoy ha sido más tranquilo. Al menos en lo que a la mañana se refiere… porque Seb no me ha despertado, así que genial.

Hoy, los niños tenían que ir vestidos, si ellos querían, de rojo y negro. ¿Por qué? Porque esos son los colores de la ciudad de Christchurch, y en el día de hoy, se cumplía un mes después del seísmo que asoló esa ciudad de la Isla del Sur. Yo también me he vestido así: camiseta roja, pantalón negro y las Converse rojas.

Hemos ido al colegio, yo sin desayunar nada (no sé por qué, últimamente estoy mucho más lento para hacer las cosas por la mañana… creo que la rutina me afecta, y remoloneo cada vez más). Antes de empezar las clases, todos los alumnos y profesores hemos salido fuera a conmemorar el terremoto. Había muchos niños y profesores vestidos con algo rojo y negro, a lo mejor el 90% de todo el colegio. Lo malo es que hacía el típico clima de Wellington: cielo cubierto con chirimiri y mucho viento, y la verdad es que estar ahí fuera era bastante desagradable.

Ya en clase, no he hecho nada de especial. He estado ayudando a unos niños a leer unos libros y a hacerles preguntas para cerciorarme de que han entendido lo que han leído. Lo más interesante ha llegado durante el morning tea, en el Staff Room: Glen celebra una barbacoa en su casa el viernes, y todos los profesores han sido invitados, incluido yo. Cada profesor que va, puede llevar un plato de comida, y si voy, porque todavía no sé si nos vamos a ir el viernes de viaje a algún sitio de la Isla Norte, no sé que puedo hacer o llevar… Tiempo tengo para pensar.

Y a la vez que estaba mirando la lista en la que te tienes que apuntar si quieres acudir a la barbacoa, ha venido Glen acompañado por otro profesor (uno de los 4 que hay en el colegio, acordaros) y me ha dicho que si quería ir con los alumnos más mayores (tres clases de 35 niños cada una, y que tienen 12 años) el jueves a jugar al fútbol a un campo que hay cerca del colegio. “¿Perdón? ¿Has dicho fútbol? ¿Dónde tengo que firmar?” Con el tiempo que llevo sin hacer nada, pero NADA de deporte, cualquier cosa sonaría bien… ¡pero es que encima es fútbol!

Le he dicho que llevo un mes sin jugar al fútbol, y que tengo unas ganas locas… así que por supuesto que iba.

Y ya tenía pensado irme, cuando me ha dicho que si también quería acompañarles, el viernes, al festival de teatro al que fui la semana pasada (llamado “Capital E”). “¡¡Jajaja!! ¿Es mi día de suerte? Claro que me apetece ir al teatro.” Glen me ha dicho que si no me importa que sean mayores… y le he dicho que no, porque en Madrid, cuando he hecho las prácticas, los niños con los que me he manejado tenían entre 10 y 12 años, y, sinceramente, los prefiero a los de 6. Lo que pasa es que, con el tema del inglés, a lo mejor es más complicado estar con los mayores, pero por intentarlo que no quede.

Después del morning tea han ido a la biblioteca, a continuar con la explicación sobre los terremotos, las medidas de prevención, y han llegado hasta los víveres necesarios que tienen que tener en casa por si tiene lugar un terremoto.

He ido a casa a lunchear, he estado hablando con Víctor y con Jorge por Skype, y luego he vuelto al colegio. Hemos hecho los famosos grupos, y he estado ayudando a los mismos que ayer: leer un libro, hacer preguntas. Y la hora ha llegado a su fin. Por lo demás, el día ha pasado sin más. He ido a casa, he cuidado de Seb, he hablado con algunos de los españoles, que tienen pensado quedar mañana para hablar de lo que vamos a hacer este fin de semana, y me he ido prontito a la cama, porque me dolía la cabeza y todo me daba vueltas, y seguía teniendo la tos ronca con muchos mocos…

Lunes 21

¡¡Me he despertado hoy alucinando!!¡Qué pasa! ¿Que es ese jaleo?” Pues resulta que eran Seb y sus dos hermanastros que se habían quedado a dormir el domingo por la noche aquí… “¡Gracias chavales! Apenas he dormido, estoy cansadísimo del fin de semana, ¿y os dedicáis a gritar y a despertar a la gente a las 5:30 de la mañana?

Pues nada, me he levantado rebotadísimo. Además, que me dolía la garganta, y tenía tos ronca con muuuchos mocos, y la voz un poco afónica. Pero he entrado en la ducha, y me he calmado. Eso, y que Gillian me ha dicho que se llevaba a los niños a la escuela… “Pues menos mal, porque sino a alguno le estampaba…”. Así que me he tomado el resto de preparación con calma. Tanto, que casi llego tarde.

Y fue entonces cuando me acordé que hoy iba a ir una chica de prácticas (como yo) a la clase de Glen (como yo). Cuando yo llegué, estaba siendo presentada a los niños. Se llama Nicole, es de Wellington, ha terminado la carrera de Magisterio en la Universidad Victoria (la más conocida de Wellington, sino la única), y tiene que hacer las prácticas para que le den una especie de postgrado. Me dijo que no había tenido prácticas a lo largo de su carrera, y que, por tanto, esta era la primera vez que se iba a encontrar con niños frente a frente. Yo le dije que si quería algo, o que si tenía algún problema, me lo dijera. Pero me da a mí, que el problema lo voy a tener yo… ¡¡Habla rapidísimo!! ¡Hasta los niños no la entienden, y tiene que repetirles! Es decir, “acento kiwi + rapidez = Decir “pardon?” muchas veces”.

En cuanto a las clases, en educación física, les he preparado unos ejercicios para que supieran las distintas posiciones respecto a alguien: “delante”, “detrás”, “al lado”, “en”, “encima”, “tocando”… Cosas así. Como por ejemplo: “poneros detrás de mí”, “poneros al lado de el tobogán”…

Cuando han acabado las clases, me he ido a casa, he cuidado de Seb y me he ido pronto a la cama, porque la garganta sigue tocada, tengo muchos mocos, y mi cabeza a veces me da vueltas…

Domingo 20: Rotorúa

Nos despertamos a las 8, yo más constipado que otra cosa. Apenas podía respirar por los mocos, y tosía mucho. La siguiente parada era Rotorúa.
Allí íbamos a ver maoríes y algún que otro géiser con lagos de agua de distintos colores puesto que emanaban de la corteza terrestre.

Nos pusimos en marcha tras repostar los coches, pasamos por una cascada muy conocida en Taupo (cascada Huka), y llegamos a Rotorúa una hora más tarde. Allí, fuimos al centro de información para ver qué podíamos hacer.

Decidimos ir a una villa maorí (Te Puia), en la que realizan actividades típicas de dicha raza, y hasta hacen bailes y hakas típicas; y después, en la misma villa, podíamos ver géiseres, barro caliente que sale de la tierra, y pequeños charcos de agua de distintos colores. Nos dirigimos hacia allá, previa parada en el lago Rotorua para descansar unos momentos y tomar algunas fotos. Después, nos fuimos para la villa.

Allí, asistimos primero a una representación de danzas típicas, y al protocolo que ellos tenían/tienen cuando conocen a alguien (los besos, por ejemplo, se dan con la nariz, con dos toquecitos de frente).


Después nos condujeron por toda la villa: donde hacen esculturas típicas maoríes con madera, ropa maorí, las casas, nos enseñaron un kiwi que tienen en cautividad (en realidad había dos, pero uno estaba escondido), y luego los géiseres, el barro y el agua de colores. En esa última zona olía a huevos podridos, y yo, que iba totalmente resfriado y no podía respirar por la nariz, y no olía nada, percibía algo de ese repugnante olor. Imaginaos el resto, que sí podían respirar, cómo estarían sufriendo.


Después de esto, nos fuimos a Wellington, porque teníamos que llegar a una hora prudente, ya que tardábamos 6 horas en llegar. Comimos en una gasolinera, y retomamos la marcha.

David, que conducía, y yo empezamos a jugar a un juego llamado “Muerto”, que consistía en avistar animales muertos en la carretera y el primero que dijera “muerto” se apuntaba un punto. Sé que es un poco cruel… pero es que daba mucho juego, ya que en cada kilómetro te podías encontrar dos o tres animales muertos. Jugamos durante una media hora, y llegamos a contar más de 50 animales (sin contar con las manchas de sangre y de pelo que quedaban en la carretera).

Nos lo pasamos bastante bien a la vuelta, jugando a eso, y haciendo otras chorraditas (pero nunca haciendo nada con el coche).

Llegamos a Lower Hutt a las 22:00, y dejamos los coches a las 22:15. Perdí el tren que pasaba a las 22:30 que iba a Wellington y tuve que esperar una hora al siguiente. Allí, conocí a un húngaro que me estuvo contando unas “movidas” bastante raras y sospechosas, como, por ejemplo, que él era un místico y mentalista y que tenía la teoría y el convencimiento que en Wellington iba a haber un terremoto de aquí a Noviembre, posiblemente en Julio, de una intensidad entre 7.8 y 8.3 en la escala de Ritcher. Y de esas muchísimas más, que tengo apuntadas en el móvil, pero que no voy a poner para no dar mucha más publicidad.

Llegué a la 1:00 a mi casa, y al día siguiente tenía que levantarme para ir al colegio… ¡qué bajón!

Sábado 19: Lago Taupo

Antes de nada, un mapa de la Isla Norte para que os situéis:



(Continúo la historia del viernes 18)

Ya estábamos todos para empezar el viaje. Nos distribuimos de la siguiente forma: Celia, Esther, Teresa y yo en el Ford; y David y Virginia en otro. Tardamos 6 horas en llegar a Taupo, pasando por valles increíbles, con montañas a los lados y enfrente. En cuanto cambiabas de valle, el aspecto del mismo cambiaba con respecto al anterior: de bosque a arbustos de color rosa, de esos arbustos a hierba, de la hierba a cultivos, de los cultivos a vegetación típica del Teide (nunca he estado, pero es lo que decían los demás cuando pasamos por allí). Vamos, una gozada.

Primero fuimos al hostal, para certificar nuestra reserva. Y resulta que teníamos que entregar el papel impreso de la misma, y no valía con el número ni con los datos de la misma. Tenía que estar el papel físicamente. Así que nos dedicamos a buscar el punto de información y un sitio dónde hacer impresiones. Encontramos los dos, y mientras unos iban a hacer la impresión, otros recogían información de las actividades que podíamos hacer aquí: saltar en paracaídas, parapente, bungy jumping/puenting, navegar por el lago Taupo, ir a las aguas termales, hacer rafting, ir en canoa por el lago, montarse en una lancha a motor y bajar a toda velocidad por uno de los ríos que desembocan en el lago, ir a alguna villa maorí, ver géiseres…

Nos decantamos por el bungy jumping/puenting, luego ir a navegar con un barco velero por el lago Taupo hasta unas estatuas esculpidas en rocas situadas a una hora y media navegando, y terminaríamos en unas aguas termales de libre acceso.

En primer lugar, el bungy. Nos costó unos 130 $NZ (al cambio son unos 70€), y la verdad es que a la hora de pagar no estaba yo muy convencido. Afortunadamente (¿o no?), cuando pagabas no podías devolver el dinero, así que no te quedaba otra que saltar, por lo que los nervios que te empiezan a surgir cuando te imaginas la situación empezaron a desaparecer. Fuimos al sitio desde donde tiene que saltar, y la verdad es que era un poco impresionante. Era precioso, pero impresionante. Y a pesar de todo, estaba tranquilo. “Qué raro” - me decía. Y es que no estaba nervioso ni un ápice. Y eso que antes de saltar, había una mujer que estaba pasándolo fatal porque no se atrevía a saltar, y cuando finalmente lo hizo (habían pasado 10 minutos), me empecé a poner ansioso porque quería saltar.

Cuando llegó mi turno, me pusieron la cuerda atada a los tobillos, me aseguraron que estaba bien enganchada, tanto a los tobillos como a un arnés que me pusieron en la cintura, y me pesaron. Me dijeron que si quería tocar el agua, y les dije que por supuesto, que con los brazos. El tío, que vacilaba a todos, me dio permiso para acercarme al saliente y me dijo que si estaba preparado. Fue entonces cuando vi a lo que me enfrentaba: 50 metros de caída libre. Y de pronto vinieron los nervios y las dudas. Mi cerebro decía: “¿Qué cojones estás haciendo? Que nos vamos a matar, estúpido”. Hice caso omiso de lo que mi cerebro decía, y de lo que mi boca salía (según mis amigos españoles, decía cosas sin sentido, pero eso sí, en inglés todo), y me concentré en lo que tenía que hacer. “¿Y qué tengo que hacer? ¿Cómo me tiro? ¿Qué hago cuando esté abajo?” Todas esas cosas me asaltaban, mientras estaba en el saliente. “No puedo hacerlo”. Y oí al tío que nos ponía los arneses contar hasta 0, y vi mi momento. En cuanto oí el cero, salté porque si no no iba a haber otro momento para ello. Y la sensación fue INCREÍBLE. Cierto que duró muy poco, pero cada vez que lo pienso, que recuerdo ese momento, noto como la adrenalina empieza a fluir por mi cuerpo… El saltar, que pienses que es insano, que es antinatural, sentir el vacío, la caída, y finalmente que la cuerda te frena y vuelves para arriba… es una sensación tan liberadora como apasionante... Sólo os digo que estuve gritando "Yes" y "Yeah" y otros palabros ingleses hasta que me recogieron, y tardaron lo suyo...

Este no soy yo, pero sí que es el salto que hice:


(Claramente, el próximo reto es el salto en paracaídas).

Después de eso, fuimos a comer al McDonalds, y cuando llegó la hora de salir en barco (a eso de las 17:00) nos acercamos al puerto y localizamos el barco que nos iba a llevar a las rocas antes mencionadas. El barco era un velero con motor, bastante bonito, y en el que íbamos los 6 españoles, un alemán que ya había viajado antes hasta allá, y que era amigo del capitán, y el propio capitán. El viaje duró dos horas y media, y las estatuas estaban muy viejas y apenas se veían. Eso sí, había un símbolo maorí esculpido en la pared de roca que era moderno, realizado relativamente hace poco, es decir, que no fue hecho por los antiguos habitantes de Taupo.

A la izquierda, al nivel del agua, se pueden ver las estatuas, mientras que en la pared aparece lo que os decía.


Cuando llegamos a tierra, nos dirigimos a las aguas termales. Seguimos el camino, y ya desde una distancia considerable veíamos el vapor del agua de dichas aguas termales. Serían las 20:00 de la tarde, y la temperatura iba bajando, pero no nos íbamos a ir sin probar algo típico de allí. Y tan placentero fue aquello, puesto que nunca había visto algo parecido (¡¡el agua emanaba de la tierra ardiendo!!), que estuvimos tres horas metidos en el agua… Tan relajante fue, que yo, que me sentía pletórico, me entró un sueño tremendo que casi me quedo dormido dentro del agua (aunque también es cierto que sólo había dormido una hora). Nos decidimos a abandonar las aguas termales, y fuimos a cenar al Burger King. Sí, tenemos mucha variedad, el McDonalds, y el Burger King; y de ahí a la cama que teníamos que descansar para ir al día siguiente a Rotoura.

Viernes 18: Capital E, y primer viaje de fin de semana

Y llegó el viernes. La mañana ha sido tranquilita y placentera, y más aún sabiendo que me iba al teatro en menos de hora y media. Tenía una sonrisa en mi cara mientras iba con Seb al colegio.

Una vez allí, y después de despedirme de Seb (que en principio hasta el lunes no le volvía a ver, porque tenemos pensado salir por Wellington esta noche, salir en la madrugada hacia Taupo a eso de las 5 ó 6 y volver el domingo por la noche), he ido a mi clase, donde estaban la mayoría de niños esperando a que los autobuses llegaran.


Estos se han hecho de rogar, y hemos esperado bastante tiempo. Mientras, le he preguntado a Glen cuál era el plan de la excursión, zonas, horarios, y demás temas (sí, yo también me explico cómo a media hora de salir, todavía no sé cuál es el plan). Me ha dicho que era el siguiente: ir al Te Papa (os acordáis, el museo más famoso de NZ) a ver una actuación, tomar el morning tea en la plaza que hay en la entrada, y luego ir a la zona del puerto, dónde hay unas naves muy grandes, para presenciar otra obra. Una vez finalizada esta, volveríamos al colegio a la hora del Lunch. “Ok” he respondido.

Cuando los autobuses han llegado, los niños han formado en filas en el patio, siendo mi clase la última en entrar en los autobuses. Otra cosa que me ha llamado la atención en comparación con España, es que numerosos padres nos acompañaban en la excursión, para ayudar a los profesores en la tarea de cuidar a los alumnos. En mi clase no había más de 3 madres, pero en otras clases, sobre todo en la de 5 años, había un padre por cada 2/3 alumnos… una burrada.

Nos hemos puesto en marcha, en dirección a la primera obra de teatro, situada en un salón de actos del museo Te Papa. La obra estaba representada por los personajes de un famoso programa infantil aquí en NZ, llamado “Giggles”. El programa consiste en continuos sketches, pero la obra de teatro se centró en dos personajes (el programa parece ser que tiene unos 12 o más personajes distintos). La verdad es que fue bastante entretenido, y yo me llegué a reír bastante. Hicieron participar a los niños, los niños estaban encantados, y no era para nada aburrido.

Cuando terminó, y cuando salimos del museo, nos sentamos en la explanada de delante, tal y cómo los profesores tenían previsto, a tomar el “morning tea”. Cuando terminamos nos pusimos en marcha por la zona del puerto, que son unos 10 minutos andando, y llegamos a la nave dónde tendría lugar la segunda y última obra. Ésta consistía en que una mujer, que viaja dentro de una ballena, se da cuenta que, su medio de transporte (la ballena) está enferma, por lo que llama a un médico bastante torpe para que ayude a la ballena. Eso como sinopsis. Como obra es original, puesto que la ballena, que era de plástico hinchable, tenía partes móviles como las aletas, la boca, los párpados, la lengua… e incluso expulsaba agua por sus espiráculos (y aquí viene el “pero”), pero se hace muy lenta, además de que la nave carece de asientos, y los niños tienen que sentarse en el suelo, lo que imposibilita ver algo a los que se sientan en la 10ª fila. Si a mí se me hizo cargante, imaginaos para los niños.

Las obras fueron estas:


Volvimos al colegio, fui a casa a “lunchear”, y, una vez más, volví al colegio. No hice nada con los alumnos, y volví a casa.

Y aquí empieza otra historia completamente diferente. ¿Os acordáis de que el día anterior íbamos a mirar lo del coche que habíamos alquilado, y que al final se nos hizo la hora? Pues agarrarse que vienen curvas…


Quedé con Celia a las 4 y pico en Cuba St. para ir a la empresa de alquiler, de la cual no sabíamos ni el nombre. El nombre de la calle era un poco raro, y tuvimos que mirar dónde estaba. Lo encontramos en un mapa, y nos dimos cuenta de que no estaba muy lejos, por lo que fuimos andando. Nos dimos un paseo, y llegamos al sitio. Allí teníamos que dar algún dato e información, y justamente, ni Celia ni yo habíamos estado presentes en la reunión que se hizo para determinar a dónde íbamos a ir en el fin de semana. Así que, aparte de que el plan no estaba muy claro, no teníamos nada de información acerca del coche que, supuestamente, alquilamos (únicamente una dirección y el número de plazas del coche, que eran 8, nada más). Decidimos entrar y probar suerte. Nos pidieron un nombre. Probamos con los 8. Nada. Y fue cuando empezamos ronda de llamadas. Yo, que había recargado 20 $NZ el miércoles, me quedé sin saldo sin apenas haber conseguido nada. Probamos una vez más con los nombres, e incluso con la fecha de la reserva y el número de plazas, pero nada. La pobre mujer que nos estaba atendiendo hizo todo y más para encontrar nuestra supuesta reserva, pero finalmente desistió, y nos dijo que no había ninguna reserva, además de que no tenían ni un solo coche para alquilar durante ese fin de semana.

Whaaat!?” “¿Nos quedamos sin coche para viajar?”. Llamadita al canto para avisar de las novedades. “No tenemos coche. ¿Y ahora qué?

El mosqueo que llevaba encima (Celia también, obviamente) era bastante importante. No entendía por qué, yo, que no había ido a la reunión, y que apenas sabía nada del itinerario, tenía que ir encargarme de eso. Y Celia también pensaba más o menos lo mismo.

Pero otro fin de semana en Wellington… sólo la idea de eso me retumbaba en la cabeza. “Nos tenemos que ir de aquí, y viajar este fin de semana” - nos decíamos. Estuvimos mirando otras compañías de alquileres, pero ninguna tenía un coche. Madre mía, es que no te estoy pidiendo un Ferrari o una limusina, sólo es un coche. Pues que no. Sopesamos también la idea de ir en autobús, pero costaba, sólo la ida, 73 $NZ. ¿Y qué hacemos? Y no me acuerdo cómo, vino a la mente la idea de alquilar algún coche en el aeropuerto. “¡Claro!” Y nos comunicamos con David para ver si su “host-father” (el padre de la familia en la que está) le podía acercar al aeropuerto para preguntar. Y así lo hizo, consiguió dos coches de 5 plazas que salían más baratos que uno de 8, y allá que nos fuimos. Su “host-father” nos recogió con una furgoneta de alquiler de 12 plazas, que le había costado muy poco y nos llevó al aeropuerto. Nos dijimos que la próxima vez, era una de esas furgonetas las que necesitábamos.

Ya en el aeropuerto, no tuvimos problemas con el alquiler. La señora que nos atendió fue amabilísima. Nos trajeron los coches, y vaya coches. Uno era un Ford Falcon gris (que es como un A4, e incluso un poco más grande) y un Toyota Corolla Sedán gris oscuro. Ambos eran enormes. David conduciría el Toyota, y Celia, novata en estos lares, el Ford.

Como iban a ser ellos los que condujeran, decidieron salir a las 11 de Lower Hutt, dormir en el coche, y continuar el plan previsto de hacer cosas en Taupo. Así que acompañé a Celia a Lower Hutt para recoger a los demás. Pero algunos prefirieron quedarse en casa durmiendo y salir por la mañana; y otros salir por Wellington por la noche y después dormir en el coche. Y al final se hizo así.

Yo, que creía que íbamos a salir a las 11, y que había preparado todo para salir a esa hora, me encontraba en Lower Hutt, sin autobuses a mi casa y sabiendo que tendría que coger un taxi si es que me iba a mi casa a dormir. Deseché esa idea. Además, nadie me ofrecía una casa dónde poder dormir, así que tuve que irme a Wellington de fiesta, sin quererlo. Iban conmigo Rocío y Bea. Busqué un plano de autobuses nocturnos y vi que salía uno a Lower Hutt a las 4:30. Ese era el que me iba a coger.

Finalmente llegó la hora de volver, y Rocío y Bea no aparecieron, así que me cogí el autobús. Quedé con el resto (que estaban en Lower Hutt porque se habían quedado durmiendo), y nos pusimos en marcha a las 6 de la mañana tras recoger a todos los demás. Bea y Rocío avisaron de que se iban a quedar en Wellington.

(Cambio de día, aunque yo apenas durmiera una hora y para mí fuera todo el mismo día).

Jueves 17 o St. Patrick's Day

No hay peor cosa que te despierten a gritos… y hoy me ha pasado. Pero no sólo gritos, sino también por intentar cantar canciones desafinadas. Los culpables: Gillian y Seb. ¿Cómo se les ocurre cantar a las 7:15 de la mañana? A ver, no digo que no estés contento por la mañana, que no lo puedas compartir, demostrar, exteriorizar… pero no sé, unos mínimos. Yo me alegro de que por la mañana estén contentos, que les guste ir a trabajar, que les guste ir al colegio, o lo que sea por lo que están felices… pero déjame dormir.

El caso, que me he despertado oyendo una canción típica en inglés (ni idea del nombre, no me acuerdo), pero ni mucho menos interpretada por Serrat, o por Monserrat Caballé; más bien parecía el relinchar de un caballo… Pero el disgusto de tener que abrir los ojos se me ha pasado cuando me he acordado que esta tarde no trabajaba, y que era St. Patrick’s Day, y podía ir a Wellington con una excusa. Pero primero, el colegio… Por la mañana me he encargado de un par de niños que pronunciaran las palabras famosas correctamente. Después del morning tea he trabajado con un grupo leyendo un libro sobre arañas, haciéndoles preguntas, y luego exponiendo las diferencias entre los humanos y las arañas, y las semejanzas que también existían entre ellos. Los niños eran incapaces de pensar en diferencias y en similitudes por sí solos, y les tenía que estar ayudando cada dos por tres: “Los humanos tienen piernas, ¿y las arañas?”, “Los humanos tienen pelo, ¿y las arañas?”, “Las arañas pueden tener veneno, ¿y los humanos?”. Y nada, que han sacado las diferencias a cuentagotas…

Y por la tarde, tras hablar por Skype con Víctor y cambiarme de ropa (camiseta de España, pantalón del Real Madrid, medias y zapatillas de fútbol) he vuelto al colegio.


¿Por qué me he cambiado de ropa? Porque he tenido que dar una clase de “soccer” (es como se llama al fútbol aquí) a las clases 1, 2, 3, 4 y 5. Todos tienen entre 5 y 6 años, y es bastante difícil diseñar una clase para esas edades de un deporte colectivo y táctico, así que, les dije que tiraran a portería, que se pasaran unos a otros, que se intentaran regatear, y finalmente, que hicieran un partidito de fútbol.

Cuando el colegio ha terminado, me he vuelto a casa (sin Seb) y he quedado con Bea y Celia en Wellington a las 16:00 para ir a mirar el coche que habíamos alquilado. Sí, alquilado, porque el día anterior, el resto quedaron en casa de David (en Lower Hutt) para organizar un viaje para este fin de semana. Al final salió ir el sábado en la madrugada al Lago Taupo, dormir en un hostal allí, y el domingo ir a Rotorua (más al Norte) y volver a Wellington. Por lo que íbamos a ir a la empresa, cerciorarnos de que estaba todo en orden, e incorporarnos a la fiesta de San Patrick’s Day.

Antes de salir de casa, después de recoger la ropa del tendedero, y llevarla a mi habitación, he roto la cesta que he utilizado para llevarla porque la he tirado desde el piso de arriba a la alfombra de abajo. No me preguntéis las razones, simplemente me dio por soltarla y no tener que bajar a dejarla... Ni me imaginaba que se pudiera romper. Le he mandado un sms a Gillian diciéndole que, cuando estaba cargando con la ropa, me he caído, con la mala suerte de que había caído encima de la cesta, y que se había roto; que lo sentía mucho, y que compraría una nueva. Rápidamente me ha contestado diciendo que gracias por decírselo, que no pasaba nada, y que gracias por el ofrecimiento, pero que no hacía falta que comprara una. Además me decía que había comprado un Router Wireless (que permite conectarse inalámbricamente a Internet). “Whaaaat!? ¿Y qué hago ahora con el Módem USB que me había comprado…?”. Pues una sóla cosa: comérmelo.

El caso, que he salido de casa, he quedado con las chicas, se nos ha pasado la hora, y no hemos ido a la empresa de alquiler. Hemos ido directamente a Courtenay Place, dónde hay mínimo 5 pubs irlandeses, y allí estaba la fiesta y la alegría. Yo, que iba vestido con mi “zamarra” de España (el resto me lo he cambiado), iba dando el cante entre tanto verde. Tanto, que un escocés ataviado con una camiseta del Celtic de Glasgow me ha cogido en uno de los pubs y me ha dicho que qué coj… hacía vestido así. Al principio he temido por mi integridad física, ante semejante bicho medio bebido que exaltaba los valores de St Patrick’s Day: verde + alcohol. Pero estaba bromeando, y después de hablar un rato sobre qué hacía aquí, de que yo soy del Celtic de Glasgow (“Tengo una camiseta de ese equipo”, le decía), hasta me ha abrazado… He huido en cuanto he podido, y me he reunido con mis amigos.

Luego se han unido a nosotros Rocío, Esther y una de las japonesas, porque el resto se quedaban en Lower Hutt, cuando cambiábamos de local. Allí, conocí a un par de irlandeses, y uno de ellos, trabajaba como maquillador en la película de “El Hobbit” ¡¡cobrando 2.500 $NZ a la semana!! También conocimos a tres “aussies” (australianos), dos de los cuales parecían que más bien procedían de la china profunda.

Tan bien nos lo estábamos pasando que llegó la hora de volver a casa. Yo me iría andando, mientras que las chicas se irían en tren. Pero resulta que, el último tren a Lower Hutt pasaba a las 11. Demasiado tarde. Eran las 12. Las chicas no tenían más trenes. Al final, tras mucho meditar, decidieron coger un taxi (se llegaron a plantear dormir en Wellington, porque el taxi exigía 70 $NZ por el trayecto). Yo me fui para casa, y llegué a eso de la 1.

Al día siguiente tenía excursión con el colegio a “Capital E”, que es una especie de festival de teatro para niños. Menos mal, porque estaba tan cansado, que ni me imaginaba dando clase.

Miércoles 16

Hoy no sé porqué, he dormido fatal, y la hora de levantarse ha llegado en un pis-pás desde que me dormí. Nada más levantarme, Gillian me ha dicho que hoy sólo tenía que cuidar a Seb hasta las 16:30, y que mañana, jueves, Simon (el padre) le recogería en el colegio, así que mañana no tenía que trabajar. “Vaya, apenas tengo trabajo…” – he dicho con un tono de disgusto… Pero, estaba dando saltos de alegría y celebrándolo en mi interior. Me ha alegrado la mañana, y el resto del día, y todo el día de mañana con eso. He ido al colegio con Seb, y después de dejarle en su clase, me he ido a la mía. Ayer le pregunté a Glen que qué iba a hacer, cuál iba a ser mi tarea, cuando ellos fueran al teatro (¿os acordáis que me dijo que iban a ir al teatro y que yo me tenía que quedar en el colegio?). Y me dijo que podía ir con ellos. - ¿En serio? – le contesté. - ¿Y tengo que pagar? - No, - me respondió - no hace falta que pagues. - Genial, soy como un profesor entonces – y se rió. Y os digo esto porque, cuando he entrado a clase, me he acordado de que el viernes tengo excursión, voy a tener una compañera de prácticas en clase, y que no tengo que cuidar a Seb. Todo de color de rosa a partir de entonces. Lo que empañaba un poco el día era el clima típico de Wellington, que, por suerte, no he sufrido todavía en exceso: chirimiri continuo, viento racheado, y cielo gris con nubes que pasan a toda velocidad por encima de tu cabeza sin pararse siquiera a descansar. Pero no importaba. Por la mañana he estado ayudando a otros 4 niños a ayudarles a pronunciar las palabras del otro día, y es que a algunos les cuesta una barbaridad… Por ejemplo, un niño confundía “with” con “thing”, simplemente porque lleva una “th” aunque fuera en diferente sitio. Han tomado el morning tea en la clase, y mientras he estado haciendo una tarea (una especie de trabajos) que tengo pendiente para el WBS, con la cual, cuando la termine, me darán un titulito de “Childcare and NZ culture” que servirá perfecto para rellenar el CV. He terminado dos en ese tiempo, y sólo me faltan 5 de 12 para terminar. Después del morning tea me he encargado de uno de los grupos que Glen hace siempre (6 grupos: rhinos, ostriches, giraffes, gorillas, elephants and monkeys). Y según iban rotando, me encargaba de uno o de otro, dependiendo de la dificultad de la tarea que tenían que hacer. He ido a casa a “lunchear”, y me he hecho una salchicha, con bacon, queso y una tostada. Lo sé, parece más propio que un desayuno; pero a mí me basta y me sobra. Cuando estaba comiendo, delante del ordenador, y leyendo el Marca, me ha llamado mi padre por Skype, que estaba intentando iniciar una conversación múltiple con varios “lobobos”: Carlos, Ana, y no sé quién más andaba por ahí. Al final no ha podido ser, pero he estado hablando con mi padre. Y se me ha hecho la hora otra vez, y me he tenido que comer el bacon, la salchicha y la tostada en menos de 2 minutos. Vale que comer poco no es sano, pero comer así tampoco lo es… De vuelta al colegio, me ha tocado hacer clase de Educación Física. Y la clase de hoy ha consistido en diferenciar la mano derecha de la mano izquierda, o al menos los conceptos iniciales. Para ello, les he dicho que tenían que ir corriendo a tocar una línea con la mano que quisiesen, luego que tocaran la línea con la mano que les mostraba (por ejemplo, la derecha, pero nunca diciéndoles el nombre), y finalmente con la otra. Después, les he repartido una pelota de tenis y tenían que hacerla botar, sin importar la mano con la que lo hicieran. Luego tenían que hacerlo con la mano que les mostraba (la derecha, sin decirles el nombre) y finalmente con la otra mano. Y para terminar, les he lanzado pelotas que tenían que coger con una u otra mano, según les fuera indicando. Antes de finalizar la hora, les he reunido, y les he dicho que con qué mano se sentían más seguros cuando han realizado las actividades (unos me decían que “esta mano”, otros “pues yo con la izquierda”, y demás), he contrastado las informaciones que me han dado con la mano con la que escribían, y finalmente les he dicho que la mano “tal” (se la mostraba) es la mano “derecha”, mientras que la mano “cual” (se la mostraba) es la mano izquierda. El colegio terminó, y me volví a casa con Seb. Como dije al principio del post, Seb tenía que ir a la piscina, así que a las 16:30 terminaría mi turno de trabajo, así que empecé una ronda de mensajes y llamadas para ver si alguien hacía algo después de esa hora (pasear, hacer turismo… lo que fuera para no estar en casa). Al final he quedado con Miguel, el chaval español, de Moratalaz (Vinateros para ser más exacto), que conocimos el viernes, y se vino con nosotros el sábado al partido de rugby y demás. He estado en su “albergue” para “backpackers” o mochileros, llamado “Wellywood Backpackers”. Y allí he estado tres horas hablando con distintas personas y distintas nacionalidades (alemanes, irlandeses, franceses, chilena…). La verdad es que el sitio está genial. La sala común es enorme, con mesas, cocina, nevera, salas de juego, de televisión… Y es que hay gente que vive allí, porque no encuentran piso, y les sale más rentable quedarse allí. A eso de las 22:00 me he vuelto para casa, y he llegado a las 22:30. He estado un ratejo en el Facebook, y terminando este post. Mañana vamos a Wellington a buscar un coche grande o monovolumen para alquilarlo, ya que este fin de semana, nos vamos al Lago Taupo (el más grande de NZ) y a Rotorua (sitio dónde hay aguas termales, y géiseres, con aguas sulfatadas). Ya os adelantaré mas detalles mañana, porque hoy apenas sé nada. Y también mañana… ¡¡St. Patrick’s Day!! Me han dicho que NZ se vuelca con esta fiesta. Veremos. He quedado con los españoles, con las japonesas, con los que conocí el fin de semana pasado… Pinta bien.

15 mar 2011

Martes 15

Hoy nos hemos quedado dormidos todos los integrantes de la casa… Por mi parte, no sé qué ha pasado, si se me olvidó poner la alarma, o por el contrario la he apagado a las primeras de cambio. De ambas cosas no me acuerdo.

El caso es que hemos tenido que darnos prisa, pues hemos amanecido a las 7:50, y todavía Seb tenía que lavarse, vestirse, desayunar y preparar la mochila. Al final hemos salido a las 8:30, porque el niño, se ha quedado mirando a la nada durante bastantes minutos en el desayuno, y no ha comido nada mientras. Este niño se podría pasar el día pensando en cuán maravilloso es el mundo sin apartar la mirada ni un ápice de donde la ha fijado por primera vez.

Hemos llegado a clase, le he dejado en la suya (Room 18) y me he ido a la mía (Room 5). Allí no había nadie, por lo que supongo que Glen estaba en el Staff Room. Le he esperado a que llegara, para no dejar la clase libre, y me he ido a hacerme un café, porque lo de la especie de Cola-Cao no es sino una mezcla de cereales en polvo, que por muchas cucharadas que te eches en la leche, no sabe a nada.
Ayer, en el descanso del morning tea, conocí a una chica china que estaba haciendo en el colegio lo mismo que yo, una especie de profesor asistente, pero lo suyo dura un año; pero hoy no la he visto. Y además me han contado que la semana que viene, se incorpora una profesora de prácticas de aquí, de Wellington, ¡a la misma clase que yo! “Vaya” – me he dicho – “¿Esto es bueno o malo?”. Y he estado pensando si me reporta cosas positivas o cosas negativas.
Aspectos negativos:

Me va a quitar cosas que hacer con los niños y con las que puedo aprender.
Al ser más en clase, menos trabajo vamos a realizar cada uno, por lo que me
voy a aburrir bastante.

Aspectos positivos:

La Educación Física seguirá siendo mía (¡jajaja!), aunque sean 15 minutos al
día, ya que yo soy el diplomado en esa disciplina.
Tendré menos estrés por
tener que ayudar a los niños, y tener a otra persona a su cargo te libera
responsabilidad, y más si ella es kiwi.
Podré hablar con ella y seguir
mejorando mi nivel de inglés. Me encuentro más cómodo hablando con personas de
mi edad, que con personas más mayores.
Eso es lo que se me ha ocurrido de primeras, aunque seguro que hay algo que se me pasa por alto, pero eso ya lo veré cuando me pase o me acuerde.

Y continuando con el día, por la mañana he estado ayudando a otros 4 chavales a pronunciar distintas palabras, como school, some, with, thing, little, after… Palabras que son difíciles para los niños de esta edad (ni qué decir de la dificultad a la hora de escribirlas).

Después del morning tea los niños han ido a la biblioteca dónde les han explicado qué son los terremotos, qué materiales aguantan terremotos sin que se rompan, y los pasos a seguir en caso de terremoto: “drop, cover and hold on” (que se traduce como “agacharse, cubrirse y agarrarse/sujetarse”) y los sitios que hay que evitar, como muebles, ventanas y cosas con cristales, objetos inestables, y paredes exteriores. También han hecho un simulacro, y el resultado ha sido bastante curioso… sólo un par de chavales han cumplido lo enseñado, mientras que el resto se han colocado en zonas peligrosas, que podrían haberles dañado en caso de (un verdadero) terremoto.


Mientras he estado atendiendo, y a la vez miraba algún que otro libro. He visto uno que contaba la historia entera de “Espartacus”, cosa que me ha extrañado… ¿Cómo los kiwis van a saber quién era Espartaco, y menos los niños de entre 6~12 años? Y no es que el libro fuera corto… era denso como ninguno. También había un montón sobre la historia de NZ, de los peligros naturales, y algún que otro libro de países europeos, como Alemania, UK, Italia, Francia, y por supuesto, ninguno de España.

Después del lunch, Glen me dijo que tenía que cuidar a los niños durante 15 minutos pues él iba a ausentarse para ir al hospital, porque iba a acompañar a su hija que le habían diagnosticado diabetes. Dicho y hecho, les he leído un cuento, y les he hecho trabajar por grupos, al más puro “Glen-style”. Glen ha venido después de 25 minutos, y no se ha inmiscuido en el devenir de la clase, dejándome a mí el mando. Y la verdad es que no ha salido tan mal como yo pensaba, aunque es cierto que 23 niños trabajando distintas cosas es bastante estresante, porque cada uno te pregunta por una cosa distinta.

Ya de vuelta en casa, a cuidar de Seb, con el que he estado haciendo una casa con cartón, con habitaciones, garaje, puertas, y tejado, para un ratón de peluche que tiene. Y la verdad que ha quedado cuca.
Hoy tenía pensado ir a Lower Hutt y quedar con mis compañeros españoles para hablar de dónde vamos a ir este fin de semana, pero habían quedado a las 16:00, y no he podido ir, ya que tenía que cuidar a Seb. Les había comentado de quedar después de que yo terminara de cuidarle, pero no he recibido noticias…

Hoy para cenar hemos comido… nachos con fréjoles, zanahoria, brócoli, y salsa mexicana. ¡Y eso nada más! Nada de ser un entrante ni nada. Plato de nachos con salsa y a comerlos… Dentro de una hora volveré a tener hambre…

Hoy espero irme pronto a la cama, después de haber hecho algunos trabajos que tengo pendientes. No puedo irme a dar un paseo porque está lloviendo y hace mucho viento… así que aprovecho a hacer estas cosas.

Lunes 14

Otra vez ir al colegio. Otra vez cuidar a Seb. Otra vez rutina… ¡¡No, por favor!!

He ido al colegio, donde estaba Glen, después de su ausencia, y me ha comentado que quería hacer un ejercicio con los alumnos consistente en que ellos tenían que dibujar algo que estuviera presente en su vida cotidiana (una silla, una casa, un plato) y además escribir su nombre en inglés, en maorí (es lengua oficial aquí en Kiwiland), y, por último, ¡en español! Por fin iba a hacer algo para lo que de verdad puedo ayudar (aparte de las clases de educación física). Y la verdad es que me lo he pasado en grande ayudando a los niños a escribir las palabras en español, y ayudándoles a pronunciarlas… Ha sido bastante gracioso.

Pero eso ha sido después del “morning tea”. Antes había ayudado a 4 alumnos a contar del 1 al 20, y a averiguar qué número iba antes y qué número iba después de 1X (donde X es la unidad, y el 1 es la decena).

Cuando ha llegado la hora del lunch, me he ido a casa. Allí me he conectado al Skype, y he visto a mi padre conectado. Le he llamado, y ha agregado a Pablo y a Mariana a la conversación. Eso implica que en una misma conversación han participado gente que está en España, en Francia, en Chile y en NZ. Tres continentes en una sola conversación.
Hemos estado hablando de bastantes cosas: cosas kiwis, cosas japonesas, cosas españolas... Ha sido agradable, y he descubierto que no gasta mucha conexión de internet (si es únicamente comunicarse por voz, y no por cam) porque hemos estado hablando durante 30 minutos, y sólo he consumido 20 MB. Así que, voy a hacerlo más a menudo. A las 12:30 de aquí (00:30 en España) estaré conectado al Skype la mayoría de los días.
Y para comer me he hecho un sándwich con una loncha de bacon, lechuga y mayonesa, pero a toda prisa porque llegaba tarde a clase.

Ya de vuelta al colegio, Glen me ha pedido que diera clase de P.E. (Physical Education, que significa, Educación Física) a los distintos grupos que él iba a hacer (acordaros que suele dividir la clase en grupos). Y les he preparado una clase que consistía en: imitar un animal y el resto tenían que adivinarlo, pases entre compañeros con balones de gomaespuma y finalmente, el juego que más les ha gustado. Les he tirado la pelota, y ellos tenían que atraparla. Quien la atrapaba, sumaba un punto. Y así, he llegado a lanzar 4 pelotas a la vez, y era entretenidísimo ver a los alumnos correr de un lado para otro persiguiendo las pelotas.

Luego la hora a terminado y los niños se han ido a casa. He ido a recoger a Seb a su clase, y me lo he llevado a casa. Allí ha hecho los deberes, sin protestar, y a las 19:00 he empezado a escribir lo acaecido el fin de semana y lo de hoy. Ahora mismo son las 23:00. Y me voy a la cama.

Domingo 13: barbacoa en la costa.

Me desperté a las 12:00 sin poder dormir más, y estuve trasteando hasta las 14:00 en el pc. Había quedado a las 15:00 en la puerta del Parlamento con las japonesas, ya que los españoles no querían ir; cuando recibí, a las 14:15, un sms de una de ellas diciéndome que mejor quedábamos a las 14:30 en la puerta…

¿Qué? ¡¡Si no me va a dar tiempo!!

La contesté que el plan era a las 15:00, y que tenía pensado (y no me quedaba otra) que coger el autobús que me dejaba en la Estación de Autobuses (ni un minuto se tarda desde allí hasta el Parlamento) a las 14:50.
En el Parlamento se hacen tours diarios y gratuitos cada hora, siendo el último a las 15:00. Por lo tanto, tenían razón al intentar quedar antes, ya que quedando a las tres, llegaríamos un poco justos… Al final llegué a las 14:50, y allí me estaban esperando.

Entramos todos, pasamos por un control de seguridad, dónde los de seguridad me gritaron por intentar coger una cosa que se había quedado en la cinta obstruyendo todos los objetos que venían detrás (el guardia me dijo que no podía tocar nada que estuviera detrás de una especie de cristal que llegaba a media altura…), y tuvimos que dejar las cámaras de fotos (lo más importante para este tipo de visitas, y van, y te lo quitan…) y demás parafernalia electrónica en unas taquillas (gratuitas, por supuesto).

El tour empezó por el Beehive (pronunciado biijeif), que es un edificio con forma de colmena de abejas (de ahí su nombre). Era un edificio de oficinas y con grandes salas de reuniones, para celebrar discursos, fiestas, y reuniones.

Estaba separado del resto del Parlamento, y este contaba en su interior con la sala de los Lores (derogada a mediados del siglo XX, y que ha pasado a ser la sala donde el presidente electo recibe el cargo) y la sala de los Comunes, que es donde están todos los diputados (como nuestro Congreso de los diputados, pero al estilo inglés, ya que, de hecho, la sala guarda proporciones similares que su homónima en Londres). Bastante cuca, y pequeñita.

Luego hemos visto los cimientos del edificio, que dejan un margen de unos 5~10 cm entre la base del edificio y dichos cimientos, en caso de terremoto. Es bastante curioso y da un poco de respeto ver un edificio “flotando”. También hemos visitado las salas comunes de los distintos diputados que hay: la de los maoríes, la de los samoanos, la de los asiáticos, y la de la comunidad gay y lesbiana. Parece ser que los homosexuales tienen un alto grado de importancia, como vimos ayer en lo de la fiesta aquella de Wellington (resulta que esta semana que empieza son las Olimpiadas Homosexuales aquí…).

Y por último, nos han mostrado una especie de piedra enorme, del tamaño de un oso, de la que colgaban una especie de bufandas o ribetes. Cada bufanda pertenecía a un país, con su bandera, colores, escudos… con un mensaje de cordialidad al gobierno y al pueblo kiwi. Había un montón, yo creo que unas 70, y se supone que estaba España, pero por mucho que la mujer que guiaba el grupo buscó, no la encontró… Spain is different, y queda demostrado aquí.


Para más información la página web del Parlamento.
http://www.parliament.nz/

Cuando ha terminado la visita, me han llamado los españoles que iban a una barbacoa a casa del cantante cubano que conocimos en el festival de Newtown (falta el post, lo sé). Y allá que me fui después de despedirme de las japonesas que se iban para casa ya.

La casa del cubano estaba en la costa sur de la isla, y podíamos llegar a distinguir la costa norte de la isla sur… ¡Precioso! Allí se reunieron un montón de gente, de distintas nacionalidades, y me lo pasé genial. La comida, un pelín picante, pero buenísimo sabor. La vista, el día, la gente, el ambiente. ¡Fue topísimo! (quien no entienda esta palabra, es chilena y significa "magnífico, espectacular, genial")

Si llegamos allí a las 16:30, nos fuimos a las 20:30, con las tripas bien llenas (la comida no paraba de llegar) y con mucho cansancio acumulado de estos días. Llegué a casa, y me tiré a la cama para dormir… a las 21 y pico.

Pero me llamaron mis papás al móvil, y hablé con ellos durante media hora. Hacía que no hablaba con ellos desde que me fui el 17 de febrero (por voz me refiero, habíamos mantenido el contacto por e-mail). Y les estuve contando mis períodos de hambruna no-voluntaria, lo que había hecho este fin de semana, y demás cosas.

Además, quedamos para hablar por Skype a las 12:30 hora en NZ (00:30 en España) porque a esa hora yo salgo del colegio a mi casa para “lunchear”.
Después, caí redondo en el sueño…

Sábado 12, Matiu-Somes Island y Westpac Stadium

Me levanté bastante desorientado, y cansado. Miré el reloj, y vi que eran las 10:00. Tenía 30 minutos para vestirme y salir de casa, pues tenía pensado coger el autobús que pasaba a y media, para llegar a Wellington a las 11:00, y de ahí movernos a coger el ferry que nos dejara en la Isla de la bahía (Matiu-Somes Island), para pasar allí el día, y volver en el último ferry a las 17:00.

Me duché, me preparé, y no desayuné porque había tomado algo unas horas antes en el Mc Donalds, y no tenía hambre. Cogí el autobús, y quedé con mis “spanish mates” (compañeros españoles) en un bar de Courtenay Place (pronunciado Curni pleis), que es como la calle de los bares, pubs y discotecas de Wellington, junto con Cuba St. Allí estaban desayunando, y nos costó ponernos en marcha.

A eso de las 12 nos fuimos al puerto, pasando por un festival gay que estaba celebrándose en una céntrica calle de Wellington. Allí estaba un stand de Telecom (una operadora de teléfono) con un juego que consistía en traspasar tres veces seguidas un minibalón de rugby de gomaespuma a través de un agujero que estaba en una pared a unos 2~3 metros de distancia, y cuyo tamaño era como el de un sobre de correo. ¿Cuál era el premio? No lo sabía, pero lo intenté. “No me cuesta nada intentarlo”. Pues bien, 3 de 3; y regalito al canto. Podía elegir entre una chocolatina, y un minibalón de rugby como con el que había tirado. No hay color. Todos sabéis que es lo que cogí. Y no, no fue la comida, pues a pesar de mi hambruna, los balones siguen siendo mi perdición. Y así conseguí mi minibalón de rugby.

Continuamos nuestro camino, y llegamos al puerto, y de ahí, al mostrador de la compañía que gestiona los viajes a la isla. Allí vimos el horario, y descubrimos que el siguiente salía a las 14:15, y el el de vuelta, y último, a las 16:25. El viaje duraba unos 25 minutos, por lo que nos quedaba hora y media para ver la isla. La mujer nos aseguró que en una hora y cuarto se veía fácil. El problema era que, además, los demás tenían que coger las mochilas y bolsas que dejaron en el albergue, y que tenían que recoger antes de las 17:00. Y si íbamos a la isla, llegaríamos a Wellington a las 16:50. Y era imposible ir hasta el albergue y coger las cosas en menos de 10 minutos. Estuvimos dialogando para ver que hacíamos, y al final quedamos en que iríamos Celia, Teresa, David y yo; y Rocío y Bea se quedarían en tierra para recoger las bolsas y demás del albergue y dar un paseo.

Así que para hacer tiempo, fuimos a comprar las entradas para el partido de rugby. Jugaban Hurricanes vs. Chiefs. Los Hurricanes (pronunciado jiurriqueins) es el equipo de Wellington, con sede en el Westpac Stadium; mientras que los Chiefs (pronunciado chifs) son de Hamilton, una ciudad del norte, próxima a Auckland. Las entradas más baratas costaban 27 $NZ, y cuyos asientos estaban en uno de los fondos. Le preguntamos al vendedor que si cabría la posibilidad de cambiarnos a un sitio mejor si es que no había mucha gente. Nos dijo que por supuesto, que mucha gente hacía eso, y es porque no va mucha gente al campo, y tampoco hay mucho control de seguridad en ese aspecto. Así que decidimos comprar las entradas más baratas, y si se veía mal desde nuestra posición, cambiar de asientos.

Llegó la hora de volver al puerto para coger el ferry que nos llevara a la isla. Y allá que fuimos. Nada más llegar a la isla, después de 25 minutos de travesía, nos metieron en una casucha, con el resto de la gente que había venido en el ferry con nosotros, y nos dieron una charla de 10 minutos mínimo con las cosas que no debíamos hacer, ya que era una isla con una biosfera particular, y que debía seguir siéndolo. Por lo tanto, teníamos menos tiempo para ver la isla. Nos pusimos en movimiento, y los paisajes eran increíbles. El día era estupendo, y hacía sol y calor. Entre fotos, paradas, y demás, descubrimos que nos faltaban apenas 20 minutos para que el ferry saliera (y si sale, o esperas al siguiente, o, en nuestro caso, porque este era el último, te quedabas en tierra hasta el día siguiente), y que todavía estábamos en la mitad de nuestro itinerario. Nos dimos toda la prisa que pudimos, y al final llegamos como 10 minutos antes de la salida del mismo… Yo me había llevado bañador, e intenté bañarme mientras esperábamos, pero fue imposible: el agua estaba helada.

En esas estábamos cuando el ferry llegó, tuve que ir descalzo hasta el barco y luego ponerme las zapatillas. Llegamos a Wellington a las 17:00, compramos algunas cosas, y nos fuimos para el estadio de rugby. El Westpac Stadium es un estadio multiusos. El campo es totalmente circular, lo que permite jugar fútbol, rugby y cricket. Los tres deportes con más peso en NZ. Tiene una capacidad de 36.000 espectadores, y sinceramente, cuando entras, no lo parece. Da la sensación de estadio pequeñito, con bastante distancia entre el campo y las gradas, aunque el sonido es bastante bueno, ya que, cuando yo aplaudía o gritaba seguro que se oía en el resto del campo (digo esto porque la gente era tan fría, y animaba tan poco, que cualquier palabra que gritaras parecía que retumbaba en el estadio). En esas estaba de animar o de desproticar contra algún jugador cuando hacía una gambada (que significa “cagada”) que cuando me di cuenta estaba sin voz, totalmente afónico. A pesar de que notaba dolor en la garganta, yo seguía animando. Y es que… ¿cuándo voy a volver a vivir un partido de rugby en NZ? Nunca más, ya que el siguiente partido que los Hurricans juegan en casa es a finales de Abril…

En los Chiefs jugaba un jugador kiwi bastante famoso por la gente que fue al estadio, ya que aplaudía cada jugada que emprendía, a pesar de ser del equipo contrario. En el segundo tiempo me enteré que era Tana Umaga, una especie de eminencia aquí en Wellington, porque estuvo jugando en los Hurricanes desde el 94 hasta el 2007. Una especie de Raúl González Blanco. Se retiró en 2007 y volvió este año para jugar, según parece, el mundial de rugby que se celebra en NZ en septiembre.
http://en.wikipedia.org/wiki/Tana_Umaga

El partido estuvo bastante entretenido. Me encantó. La primera parte terminó 10-13 para los Chiefs, tras jugadas bastante espectaculares. Pero al principio del partido parecía más una pachanguita que una competición oficial, y tan importante como lo es la Super Rugby League, en la cual participan 15 equipos (Australia, NZ, y Sudáfrica aportan 5 equipos cada uno). Pero al final fueron entrando en calor, y el partido acabó emocionantísimo.

En la segunda parte nos pusimos en la zona lateral, casi a la misma altura que la línea del medio del campo, así que veíamos mejor todo lo que pasaba en el campo. Nos encontramos con unos chilenos, y los chicos españoles de ayer (Miguel, el de Moratalaz, y Oihan, el de Vitoria) estaban por ahí, y les mandé un sms diciéndoles dónde estábamos. Y también se cambiaron de sitio, para venir a donde estábamos nosotros. Al final, el partido acabó 29-26 ganando el equipo local, para alegría de todos, pero con un poco de suspense, y pidiendo la hora.

Después del partido, todos, absolutamente TODOS los jugadores, se quedaron en el campo firmando autógrafos a todo aficionado que se lo pidiera, ya que la gente podía bajar al césped. Yo me encontré una bandera con el escudo de los Hurricanes, la cogí, me fui a las gradas que están al lado de la boca de vestuarios y se la daba a los jugadores para que me la firmaran. Ahora tengo una bandera con muchas firmas y no sé a quién pertenece cada una…

Aquí os dejo un enlace del estadio, para que le echéis un vistazo.
http://en.wikipedia.org/wiki/Westpac_Stadium
http://westpacstadium.co.nz/

Cuando terminó el partido salimos en dirección a Courtenay Place, que como he dicho, es el sitio donde la gente sale por la noche. Allí estuvimos sentados en un banco hasta que nos pusimos en marcha, y fuimos al “Estadio” dónde coincidimos con Miguel y Oihán, y con el “vasco”, jefe del equipo de tierra del barco fastidiado en el puerto (menudas risas que nos echamos con él…). Luego fuimos a un karaoke, que no nos gustó nada, y al pub irlandés, y terminamos en la casa de un amigo mexicano que suele tocar con su grupo en el Estadio, y que conocimos la semana pasada.

Llegué a mi casa a las 7:30, que es bastante tarde, y al día siguiente tenía pensado ir al Parlamento de NZ con unas amigas japonesas que conocí en el WBS, a eso de las 15:00, por lo que tenía que levantarme a las 14:00.

Viernes 11

Me he despertado bastante remolón… y cuando me he levantado Gillian no estaba en casa. Tenía que preguntarla si esta noche podían quedarse un par de los amigos españoles para que pudieran pasar la noche aquí, a la vez que los otros se quedaran en un hostal o albergue y mañana poder ir a visitar la ciudad pronto sin necesidad de que tuvieran que ir a dormir a Lower Hurr y después tener que coger trenes/autobuses para llegar a Wellington.

Así que la mandé un mensaje (un text, como dicen aquí) preguntándoselo. La verdad es que no sabía cómo formular la pregunta, porque es un poco comprometido para ella. Creo que le puse algo así como: “Buenos días Gillian. Saliste de casa pronto y no pude preguntarte si esta noche pueden quedarse a dormir algunos de mis amigos. Si estás de acuerdo, ¿cuántos podrían venir? ¿Uno o dos?”. Y la madre inmediatamente me dijo que dos estaba bien, que como Seb estaba con su padre, podíamos dormir en su habitación, donde hay una cama de sobra (Seb duerme en una litera) y hay guardado un colchón hinchable.

Dicho y hecho. Se lo dije a mis compañeros españoles para ir haciendo los planes. En principio era salir el viernes por la noche, y levantarnos pronto al día siguiente para ir a la isla que hay en la bahía de Wellington, llamada Matiu-Somes Island y después volver a eso de las 5, cenar, e ir al Westpac Stadium para ver un partido de rugby.
Pero antes, tenía que ir al colegio. Allí, Glen no iba a ir por no sé qué problemas que tenía que solucionar, y estaba Donna como profesora.
Donna, en comparación con Glen, es más de la vieja escuela (puede que por su edad), que le gusta que esté todo más controlado, menos libertad de movimientos de los niños. Es por ello que no contaba conmigo para nada, como reflejó que el miércoles pasado me diera los lapiceros para que los sacara punta. Pero me equivoqué. Nada más entrar en clase me dijo que antes del “morning tea” me iba a dejar a los niños para que hicieran algo de Educación Física. Y así fue. Cogí a los niños y les expliqué unos pequeños juegos: para calentar estuvieron haciendo el ejercicio de tocar los colores del patio, pero añadiendo qué tipo de objetos tenían que tocar: columpios, puertas, determinadas zonas… El siguiente juego consistió en carreras en las que tenían que partir desde distintas posiciones: de pie, de pie pero de espaldas, sentados, sentados de espaldas, tumbados boca abajo, boca arriba… Y por último, tuvieron que seguir una especie de camino formado por las letras del abecedario dibujadas en el suelo en que yo les tiraba una pelota, y ellos la tenían que coger y así sumaban un punto. Este juego les gustó, así que fui añadiendo pelotas hasta un total de 3 pelotas a la vez que tenían que coger.

Después de esto, tomaron el “morning tea” y cuando éste finalizó, y los niños se sentaron en la alfombra, una marabunta de niños más mayores entró en la clase. ¿Y ahora esto qué es? Pues esto amigo mío, son los “buddies” (colegas, compadres, “compas”, cuya palabra viene de compañeros) de los niños de la clase – me dijo Donna. Y me explicó que cada alumno de mi clase estaba adjudicado a uno de los alumnos mayores, y éstos les ayudaban a hacer ejercicios, lectura, escritura, comprensión… Otra cosa distinta a España, o al menos, que no había visto nunca hacer, aunque me supongo que algunos colegios lo llevarán a cabo.

Estos “buddies” estuvieron sólo media hora porque todos los alumnos tenían que ir a una asamblea que tiene lugar cada dos viernes. Son actuaciones de las distintas clases, y diversos anuncios que se hace a toda la comunidad escolar. Al carecer de pabellón, se hace en el aire libre, rezando porque no llueva mientras se lleva a cabo dicha asamblea. Tuvo lugar a las 12:00 del mediodía, y acabó a las 12:40. Los alumnos de mi clase participaron leyendo un par de historias con dibujos. También habló la directora, y me presentó a todos los alumnos y profesores, diciendo que iba a estar 5 semanas, y que era de España.

Cuando terminó la asamblea volví a casa a “lunchear”, y comí un sándwich de bacon y queso que me supo a gloria.

Retorné al colegio, y durante hora y media apenas hice nada porque los alumnos estuvieron haciendo un reloj con cartulina, y la verdad es que se valen por sí solos. Eso sí, algunos chapuzas hay.

Cuando volví a casa me dijeron que habíamos quedado a las 20:30 en la estación de trenes de Wellington, y que íbamos a hablar de lo que íbamos a hacer esa noche, el sitio donde iban a dormir algunos, y quién se venía a mi casa a dormir. Antes de salir, me hice una especie de espaguetis que venían en una lata de conserva, y que la verdad, no estaban muy buenos.

Salí para la estación, y el autobús que tenía pensado coger directamente ni pasó. Tuve que esperar al siguiente, y llegué un pelín tarde de la hora prevista. Pero justamente entré en la estación de tren cuando los demás estaban saliendo. Entonces echaron a suertes quién venía a dormir a mí casa y los afortunados fueron Bea y David, y las otras tres chicas (Celia, Rocío y Teresa) dormirían en un hostal/albergue.

Pero primero teníamos que encontrar un hostal, y nos pusimos manos a la obra. Pero no sé porqué, ni ninguno de nosotros lo sabíamos, en los tres sitios que preguntamos no había sitio, estaban TODAS las habitaciones ocupadas. Y ya, a la desesperada, encontraron un sitio al lado de “Ostería El Toro” que creo que ya hablé de ese sitio en algún post anterior (es un restaurante italo-español). La habitación era para 5 personas y el precio eran 150 $NZ, es decir, a 30 $NZ por persona la noche. Por lo tanto, nadie se iba a venir a mi casa a dormir. Y nada más salir del albergue, me llega un mensaje de Gillian diciendo que las camas ya están preparadas y que se iba a dormir que mañana se levantaba pronto. Vaya por Dios… La pobre mujer se había deslomado haciendo las camas para nada…

Con eso resuelto, y que nos había dado verdaderos quebraderos de cabeza, ya podíamos disfrutar de la noche en Wellington, aunque sinceramente, es bastante pobre. Fuimos a un local donde había montones de mesas de billar y un cantante cubano que conocimos la semana pasada durante el festival al que acudimos (me falta escribir el post de la semana pasada, así que éste es un personaje nuevo para vosotros). Allí estuvimos jugando al billar y hablando hasta que nos cambiamos de sitio.

En la estación me había enterado del terremoto de Japón, de 8,8 en la escala de Ritcher, y aquí en el local me informaron del tsunami que el terremoto había provocado. Esa información decía que NZ estaba advertida de la llegada del mismo, y que se tenían que tomar medidas preventivas. Eso causó en una de las chicas españolas (Esther) una especie de agonía de que estábamos en peligro, y estuvimos intentando convencerla de que, primero, el tsunami no sería tan fuerte y peligroso, y segundo, que la posición de Wellington en NZ era tal, que no sufriría las olas del mismo. Pero no hubo forma, y se fue a casa bastante preocupada. Se volvió antes que el resto porque tenía que coger un tren que la dejara en casa, junto con la chica que falta por nombrar, que es Virginia.

Nosotros, por nuestra parte, cambiamos de sitio. Intentamos ir a uno que está en Cuba St., pero estaba cerrado, y luego intentamos ir al sitio al que hemos estado yendo estos días de salida por Wellington: a un sitio llamado “Estadio”, que ponen música sudamericana, y que a Rocío y a Teresa les encanta. Pero estaba también cerrado. En ambos trayectos conocimos a un madrileño de Moratalaz, de nombre Miguel; y a un vasco de Bilbao, llamado Eduardo (este bastante entrado en años).
El primero estaba aquí con un visado llamado “Working-holiday”, que es algo así como trabajando y de turismo. Es un visado que te permite estar un año en NZ. Y el “vasco” (como yo le llamo), está aquí porque es el jefe de tierra del barco “Central Lechera Asturiana” que participa en la “Barcelona World Race” (una regata/carrera de barcos tripulados por dos marineros alrededor del mundo), y dicho barco está atracado en el puerto de Wellington porque tiene roto el mástil. Así que él tiene que encargarse de que todo salga bien, y de asegurarse de que el barco vuelve a la competición, porque el patrocinador quiere que el barco termine la regata (los demás ya han pasado el Cabo de Hornos).
Y con ellos, y otro amigo de Miguel, Aihón, de Vitoria, terminamos la noche en un pub irlandés, y comiendo algo en un McDonalds (sé que es un poco insano, pero tenía que comer algo…). Me fui a casa, y cuando entré en la misma, vi que la cama hinchable estaba ¡¡en el medio del recibidor!!. Esta Gillian pretendía que uno de mis amigos durmiera en medio de la casa… Cogí la cama, y la metí en la habitación de Seb, pues la puerta de su habitación da al recibidor. La dejé dentro, y me fui para mi habitación para caer rendido en la cama. Mañana me tenía que levantar a las 10:30, porque íbamos a ir prontito a la Isla Matiu-Somes, que es la isla que está en la bahía de Wellington.