Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

15 mar 2011

Viernes 11

Me he despertado bastante remolón… y cuando me he levantado Gillian no estaba en casa. Tenía que preguntarla si esta noche podían quedarse un par de los amigos españoles para que pudieran pasar la noche aquí, a la vez que los otros se quedaran en un hostal o albergue y mañana poder ir a visitar la ciudad pronto sin necesidad de que tuvieran que ir a dormir a Lower Hurr y después tener que coger trenes/autobuses para llegar a Wellington.

Así que la mandé un mensaje (un text, como dicen aquí) preguntándoselo. La verdad es que no sabía cómo formular la pregunta, porque es un poco comprometido para ella. Creo que le puse algo así como: “Buenos días Gillian. Saliste de casa pronto y no pude preguntarte si esta noche pueden quedarse a dormir algunos de mis amigos. Si estás de acuerdo, ¿cuántos podrían venir? ¿Uno o dos?”. Y la madre inmediatamente me dijo que dos estaba bien, que como Seb estaba con su padre, podíamos dormir en su habitación, donde hay una cama de sobra (Seb duerme en una litera) y hay guardado un colchón hinchable.

Dicho y hecho. Se lo dije a mis compañeros españoles para ir haciendo los planes. En principio era salir el viernes por la noche, y levantarnos pronto al día siguiente para ir a la isla que hay en la bahía de Wellington, llamada Matiu-Somes Island y después volver a eso de las 5, cenar, e ir al Westpac Stadium para ver un partido de rugby.
Pero antes, tenía que ir al colegio. Allí, Glen no iba a ir por no sé qué problemas que tenía que solucionar, y estaba Donna como profesora.
Donna, en comparación con Glen, es más de la vieja escuela (puede que por su edad), que le gusta que esté todo más controlado, menos libertad de movimientos de los niños. Es por ello que no contaba conmigo para nada, como reflejó que el miércoles pasado me diera los lapiceros para que los sacara punta. Pero me equivoqué. Nada más entrar en clase me dijo que antes del “morning tea” me iba a dejar a los niños para que hicieran algo de Educación Física. Y así fue. Cogí a los niños y les expliqué unos pequeños juegos: para calentar estuvieron haciendo el ejercicio de tocar los colores del patio, pero añadiendo qué tipo de objetos tenían que tocar: columpios, puertas, determinadas zonas… El siguiente juego consistió en carreras en las que tenían que partir desde distintas posiciones: de pie, de pie pero de espaldas, sentados, sentados de espaldas, tumbados boca abajo, boca arriba… Y por último, tuvieron que seguir una especie de camino formado por las letras del abecedario dibujadas en el suelo en que yo les tiraba una pelota, y ellos la tenían que coger y así sumaban un punto. Este juego les gustó, así que fui añadiendo pelotas hasta un total de 3 pelotas a la vez que tenían que coger.

Después de esto, tomaron el “morning tea” y cuando éste finalizó, y los niños se sentaron en la alfombra, una marabunta de niños más mayores entró en la clase. ¿Y ahora esto qué es? Pues esto amigo mío, son los “buddies” (colegas, compadres, “compas”, cuya palabra viene de compañeros) de los niños de la clase – me dijo Donna. Y me explicó que cada alumno de mi clase estaba adjudicado a uno de los alumnos mayores, y éstos les ayudaban a hacer ejercicios, lectura, escritura, comprensión… Otra cosa distinta a España, o al menos, que no había visto nunca hacer, aunque me supongo que algunos colegios lo llevarán a cabo.

Estos “buddies” estuvieron sólo media hora porque todos los alumnos tenían que ir a una asamblea que tiene lugar cada dos viernes. Son actuaciones de las distintas clases, y diversos anuncios que se hace a toda la comunidad escolar. Al carecer de pabellón, se hace en el aire libre, rezando porque no llueva mientras se lleva a cabo dicha asamblea. Tuvo lugar a las 12:00 del mediodía, y acabó a las 12:40. Los alumnos de mi clase participaron leyendo un par de historias con dibujos. También habló la directora, y me presentó a todos los alumnos y profesores, diciendo que iba a estar 5 semanas, y que era de España.

Cuando terminó la asamblea volví a casa a “lunchear”, y comí un sándwich de bacon y queso que me supo a gloria.

Retorné al colegio, y durante hora y media apenas hice nada porque los alumnos estuvieron haciendo un reloj con cartulina, y la verdad es que se valen por sí solos. Eso sí, algunos chapuzas hay.

Cuando volví a casa me dijeron que habíamos quedado a las 20:30 en la estación de trenes de Wellington, y que íbamos a hablar de lo que íbamos a hacer esa noche, el sitio donde iban a dormir algunos, y quién se venía a mi casa a dormir. Antes de salir, me hice una especie de espaguetis que venían en una lata de conserva, y que la verdad, no estaban muy buenos.

Salí para la estación, y el autobús que tenía pensado coger directamente ni pasó. Tuve que esperar al siguiente, y llegué un pelín tarde de la hora prevista. Pero justamente entré en la estación de tren cuando los demás estaban saliendo. Entonces echaron a suertes quién venía a dormir a mí casa y los afortunados fueron Bea y David, y las otras tres chicas (Celia, Rocío y Teresa) dormirían en un hostal/albergue.

Pero primero teníamos que encontrar un hostal, y nos pusimos manos a la obra. Pero no sé porqué, ni ninguno de nosotros lo sabíamos, en los tres sitios que preguntamos no había sitio, estaban TODAS las habitaciones ocupadas. Y ya, a la desesperada, encontraron un sitio al lado de “Ostería El Toro” que creo que ya hablé de ese sitio en algún post anterior (es un restaurante italo-español). La habitación era para 5 personas y el precio eran 150 $NZ, es decir, a 30 $NZ por persona la noche. Por lo tanto, nadie se iba a venir a mi casa a dormir. Y nada más salir del albergue, me llega un mensaje de Gillian diciendo que las camas ya están preparadas y que se iba a dormir que mañana se levantaba pronto. Vaya por Dios… La pobre mujer se había deslomado haciendo las camas para nada…

Con eso resuelto, y que nos había dado verdaderos quebraderos de cabeza, ya podíamos disfrutar de la noche en Wellington, aunque sinceramente, es bastante pobre. Fuimos a un local donde había montones de mesas de billar y un cantante cubano que conocimos la semana pasada durante el festival al que acudimos (me falta escribir el post de la semana pasada, así que éste es un personaje nuevo para vosotros). Allí estuvimos jugando al billar y hablando hasta que nos cambiamos de sitio.

En la estación me había enterado del terremoto de Japón, de 8,8 en la escala de Ritcher, y aquí en el local me informaron del tsunami que el terremoto había provocado. Esa información decía que NZ estaba advertida de la llegada del mismo, y que se tenían que tomar medidas preventivas. Eso causó en una de las chicas españolas (Esther) una especie de agonía de que estábamos en peligro, y estuvimos intentando convencerla de que, primero, el tsunami no sería tan fuerte y peligroso, y segundo, que la posición de Wellington en NZ era tal, que no sufriría las olas del mismo. Pero no hubo forma, y se fue a casa bastante preocupada. Se volvió antes que el resto porque tenía que coger un tren que la dejara en casa, junto con la chica que falta por nombrar, que es Virginia.

Nosotros, por nuestra parte, cambiamos de sitio. Intentamos ir a uno que está en Cuba St., pero estaba cerrado, y luego intentamos ir al sitio al que hemos estado yendo estos días de salida por Wellington: a un sitio llamado “Estadio”, que ponen música sudamericana, y que a Rocío y a Teresa les encanta. Pero estaba también cerrado. En ambos trayectos conocimos a un madrileño de Moratalaz, de nombre Miguel; y a un vasco de Bilbao, llamado Eduardo (este bastante entrado en años).
El primero estaba aquí con un visado llamado “Working-holiday”, que es algo así como trabajando y de turismo. Es un visado que te permite estar un año en NZ. Y el “vasco” (como yo le llamo), está aquí porque es el jefe de tierra del barco “Central Lechera Asturiana” que participa en la “Barcelona World Race” (una regata/carrera de barcos tripulados por dos marineros alrededor del mundo), y dicho barco está atracado en el puerto de Wellington porque tiene roto el mástil. Así que él tiene que encargarse de que todo salga bien, y de asegurarse de que el barco vuelve a la competición, porque el patrocinador quiere que el barco termine la regata (los demás ya han pasado el Cabo de Hornos).
Y con ellos, y otro amigo de Miguel, Aihón, de Vitoria, terminamos la noche en un pub irlandés, y comiendo algo en un McDonalds (sé que es un poco insano, pero tenía que comer algo…). Me fui a casa, y cuando entré en la misma, vi que la cama hinchable estaba ¡¡en el medio del recibidor!!. Esta Gillian pretendía que uno de mis amigos durmiera en medio de la casa… Cogí la cama, y la metí en la habitación de Seb, pues la puerta de su habitación da al recibidor. La dejé dentro, y me fui para mi habitación para caer rendido en la cama. Mañana me tenía que levantar a las 10:30, porque íbamos a ir prontito a la Isla Matiu-Somes, que es la isla que está en la bahía de Wellington.

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