Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

29 mar 2011

Lunes 28

Me he levantado a eso de las 7:00 para escribir el blog que lo tengo atrasadísimo. Estaba concentrado en mi tarea cuando he oído decirle Gillian a Seb “Despierta a Álvaro”. Y el niño se a puesto a gritar para que me despertara… ¿¿CÓMO?? ¿Que el niño grita para despertarme? O sea, que siempre que grita el niño es para despertarme… ¡¡Me cago en to’!!"

Me he levantado del escritorio, y le he dicho a Gillian lo siguiente: “Estaba levantado ya”. Toma. Espero que haya pillado la indirecta, y que no incite al niño para despertarme, porque luego hecho pestes del niño, cuando en realidad es la madre la culpable…

A lo que iba. Gillian me quería despertar porque tenía que contarme que hoy a las 16:00 Seb tenía que ir a la clase de Kung-Fu, ya que el viernes se fue de campamento y se la perdió, por lo que se la pasaron al lunes. Y luego traerle a casa, hacer los deberes, cenar e ir a los Scout. “De acuerdo, sin problema”. Se ha ido después de eso, y yo he seguido a lo mío.

Luego he acompañado a Seb a clase y me he ido a la mía. Allí ya estaba Glen con Nicole preparando la primera clase de hoy, puesto que Glen iba a trabajar con los niños individualmente. Creo que ya lo nombré en otra entrada, pero no estoy seguro, y es que Nicole nunca ha dado clase. Ha terminado la carrera de 4 años, y todavía no se ha enfrentado a la realidad de enseñar a los niños. Es algo que no entiendo, porque como no te guste, o tu primera experiencia sea negativa… puede lastrarte mucho en el futuro. Y la verdad, es que no he contribuido a que su bautizo fuera bonito, y es que cuando ha preguntado un voluntario para hacer una actividad que los niños suelen hacer todos los días (realizar los sonidos que hace cada letra del abedecedario), yo le he dicho que saliera un niño que, luego he pensado, era un horror. "¿Por qué?" Porque es un niño del grupo de los menos avanzados… Y le ha costado horrores terminar. Ahí ha sido cuando me he dado cuenta de que debería haber sacado al mejor para conseguir que Nicole se sintiera segura con lo que hacía… Pero bueno, así han sido las cosas, y luego me he disculpado.

Después del morning tea, he dado una clase de soccer a 6 niños, porque Glen me ha dicho que, a partir de hoy y hasta el jueves, tengo dar clases de 20 minutos a esos niños que he dicho. “Ningún problema, pero tengo que prepararme las sesiones porque el fútbol que he enseñado está enfocado para alumnos más mayores, y con un carácter grupal, de equipo, no tanto individual” y me ha contestado que de acuerdo, pero que empezara hoy. Así que al final, he hecho una sesión tal y como me ha venido a la cabeza: pases entre compañeros, tiros a puerta, reconocimiento del campo en el que se juega, remates de cabeza… todo menos partido. Al final he estado 40 minutos, pero Glen me ha dicho que no pasaba nada.

En el lunch me he hecho un sándwich de bacon con huevo frito, con lechuga y mayonesa. Buenísimo. Me he intentado conectar o hablar con alguien por Skype, pero con lo del cambio de hora… cuando yo llego a las 12:45, en España son las 1:45, y es bastante tarde para entablar conversación con alguien…

Ya en el colegio, he dado clase de Ed. Física a los alumnos. El primer ejercicio ha consistido en que los alumnos, en parejas, tenían que perseguir a su compañero siempre a la misma distancia, sin perderlo de vista, mientras que el otro, tenía que intentar perderle como fuera, corriendo, haciendo cambios bruscos de sentido… El segundo ejercicio ha sido un Policías y Ladrones de toda la vida; y por último, otra vez en parejas y mirándose de frente, uno de ellos tenía que girarse mientras el otro se cambiaba algo de su ropa o de su apariencia. Cuando terminara, avisaba al compañero, y este tenía que adivinar qué se había cambiado. Con este juego se ha llegado al final, y hemos vuelto a clase para que recogieran sus cosas.

Cuando han salido, he ido a por Seb, y he cumplido a rajatabla lo que me dijo Gillian por la mañana. Le he llevado al Kung-Fu, y le he recogido una hora más tarde. Luego hemos hecho la tarea, y finalmente ha llegado Gillian para llevarle a los scouts. Antes de que se fueran le he preguntado a Gillian que si podía usar su bici para dar una vuelta con ella, a lo que me ha respondido, en resumen, “No, si no te importa”. Pues nada, me iré arriba a terminar cosas… Y después de hablar por Skype con Bea durante hora y tres cuartos, me he ido a la cama.

Domingo 27: Cape Pallister

Nos despertamos bastante cansados todos, puesto que el día anterior sólo dormimos un par de horas, y hoy habíamos dormido tres horas y algo. Cogimos rápidamente el coche, tras recoger la casa de David, para que los padres no se la encontraran patas arriba. Paramos en una gasolinera para repostar y para comprar algo de desayuno, y empezamos el viaje que nos llevaría a la costa Sur, donde teníamos pensado ver una colonia de focas que hay en Cape Pallister durante todo el año, y volver a Wellington a las 18:00, puesto que había que devolver los coches a esa hora, o nos cobraban un día de más. El viaje fue bastante entretenido, y no hicimos ninguna parada hasta que no llegamos al sitio mencionado. Al principio pensábamos que no habría ninguna foca, cuando de repente, vimos una y paramos el coche. Y poco a poco fue como si nos acostumbráramos a la luz: aparecían focas por todos lados… ¡Teníamos una a menos de 7 metros del coche! Nos bajamos y estuvimos haciéndonos fotos con las focas a menos de 2 metros.

De pronto empezó a llover como si nos invitaran a irnos, pero nada de eso, avanzamos un poco más, y en un saliente hacia el mar, tras un pequeño paseo, vimos dónde estaban las crías. Había como mínimo 30/40 crías, todas chillando y berreando, jugando… Nos acercamos a ellas lo más que pudimos sin despertar sospechas de los adultos, hasta que una foca se giró hacia nosotros, y empezó a caminar hacia nosotros… En ese momento, nos dimos media vuelta, e hicimos un pequeño sprint hacia el coche, por si las moscas. Y es que, en el sitio anterior, donde vimos a las primeras focas, estas reaccionaban bastante mal si te acercabas en exceso, puesto que te enseñaban los colmillos con la boca abierta, la cual estaba roja de sangre (de pescado supongo, como fuera de hombre no hubiera durado allí ni dos segundos) y era bastante acongojante. Además, que llovía que daba gusto, por lo que la zona donde estaban las focas era peligrosa, porque eran rocas en la costa, y era muy fácil resbalarse.

Por esas cosas, cogimos el coche y retornamos a Wellington esperando parar en un sitio para comer. El sitio elegido fue Martinborough. Y llegamos allí y era un pueblo con una calle principal, con tres restaurantes, y poco más. Afortunadamente, uno de ellos era bastante decente y pudimos comer allí. Continuamos la marcha, con la incertidumbre de si llegaríamos a la hora o no. Rápidamente nos dimos cuenta de que íbamos bastante bien de tiempo, y cuando llegamos a Wellington tuvimos que repostar, y, finalmente, dejamos el coche en la empresa. El coche, que no lo he dicho, era un Toyota Previa de 8 plazas. La verdad es que al principio era bastante incómodo, pero descubrí que se podían mover los asientos, y los modifiqué de tal forma que se pudieran tumbar para quien quisiera dormir y mover para que entraran mejor las piernas.

Yo me volví a casa, a tiempo para ver la F1, aunque apenas me enteraba de nada, porque estaba cansadísimo. Un rato después llegaron Gillian y Seb que habían estado cenando fuera. Les dije buenas noches, y me fui a dormir a las 21:00.

Sábado 26: Rivendel y Castlepoint

Nos despertamos un poco más tarde de lo previsto. Nos levantamos, desayunamos un sándwich de bacon, y salimos a recoger al resto, dispuestos a llegar a Castlepoint.

Fuimos en coche hasta un parque natural que está al lado de Wellington, llamado Kaitoke Regional Park, que fue donde rodaron la ciudad de Rivendell en “El Señor de los Anillos”. Y siguiendo las indicaciones, finalmente llegamos. La ciudad de Rivendell en la película, los que hayáis visto la película era bastante bonita, con un río, montañas, bosque… La ciudad de Rivendell en la actualidad no existe. Tal cual. Levantaron el set y se piraron. Por lo tanto, lo que te van anunciando es una especie de jardincito, y un árbol con muchas raíces que si aparece en la película es durante un fotograma y medio. Aunque eso sí, el parque en sí era bonito, pero nada más.

Si pinchais en el siguiente enlace, podéis ver lo que queda de Rivendell:


Continuamos nuestro viaje, y paramos a comer en Carterton, en un restaurante típico americano, pero bastante mal organizado. Comimos no muy bien, pero tuvimos una comida, al fin y al cabo. Luego paramos también en la misma ciudad para ver una tienda donde hacen las conchas famosas de Nueva Zelanda, llamadas Paua, que tienen muchos colorines.

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Y nos pusimos en marcha otra vez. Finalmente llegamos a Castlepoint, un pequeño pueblecito costero, en una bahía, con un par de cabos, y un faro en uno de ellos. Subimos hasta donde estaba el faro, y nos quedamos embobados con las vistas. No eran espectaculares, en el sentido de lo más bonito del Universo… pero eran impresionantes. Veías claramente el océano Pacífico, detrás, a menos de unos 10 km, unas montañas considerables, el viento, la inmensidad… todo en sí hacía que te quedaras inmerso en un algo, en un pensamiento vacío mientras contemplabas todo aquello.

Estuvimos allí cerca de una hora y media, observando todo aquello, medio anonadados, y volvimos para Wellington. Cuando llegamos decidimos hacer una paella para cenar, en casa de David, y luego fuimos a la ciudad para salir por la noche un rato. Luego volvimos todos a Lower Hutt a dormir en casa de David para no tener que recoger a la gente con el coche, y no perder tiempo en salir al día siguiente.

Viernes 25

El viernes me volví a despertar más tarde, porque Seb no durmió en casa. Pero me dio tiempo a hablar con Gillian sobre lo que los españoles íbamos a hacer este fin de semana: nos íbamos a la costa Este de la Isla Norte, porque el paisaje es precioso, y al Sur, en una zona donde hay una colonia de focas. Me dijo “ok”, y se fue.

Yo me fui al colegio. Hoy tenía excursión con la clase de los mayores, que tienen 12 años (los mismos con los que, el día anterior, fui a jugar al fútbol), al festival de arte/s que tiene lugar en Wellington llamado Capital E. En este caso, fui invitado por uno de los profesores del centro, para acompañar a los tres tutores y a unos cuantos padres y echar una mano. Pero los alumnos de 12 años son más responsables que los pequeños, así que exigen menos atención, por lo que puedes disfrutar más de las obras.

En la primera de ellas, un hombre estuvo haciendo música con numerosas cosas, tales como globos, sillas, zanahorias, tubos de plástico, guantes… cualquier cosa le servía para hacer sonidos. También tenía una mesa para mezclar, y utilizaba los distintos sonidos que producía para hacer armonías con ellos.


La segunda obra, después del morning tea (que por cierto, durante el morning tea, entré en una tienda para comprar Coca-cola, y cuando iba a pagar, un hombre me dijo que me invitaba, y pagó con un billete de 20 $NZ; me quedé sorprendido, y le di las gracias. Luego me di cuenta de que posiblemente, me faltaban 20 $NZ de mi cartera, aunque no lo sé muy bien), es la mejor de las 5 que he visto del festival. En ella se cuenta la historia de un niño que juega muchísimo a los videojuegos, y que no hace caso a su hermana ni a su mejor amigo, así como a su madre. Una tarde está jugando a la videoconsola, cuando una mariposa entra en su habitación y le incomoda mientras juega. El niño, asqueado, persigue a la mariposa por su cuarto, hasta que ésta sale del mismo y el protagonista sale a la calle para acabar con ella. Es entonces cuando empieza una especie de viaje místico, en el que aprende que los videojuegos no le aportan nada a su vida. Cuando vuelve a casa, su comportamiento con los suyos cambia de repente, y olvida los videojuegos para siempre. La obra tenía muchos juegos de luces, con claroscuros para que unas personas vestidas de negro pudieran mover objetos como si de magia se tratase. Me pareció una obra complicada para los alumnos, pero sí que estaba bien ambientada y actuada.

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La tercera obra, tras “lunchear”, era una especie de baile en medio de Civic Square, delante del Ayuntamiento de Wellington, sobre “naturaleza y reciclaje”. Pero vamos, que podía ser sobre cualquier otra cosa que pudierais imaginar, porque lo único que hacían era bailar y moverse… Lo siento, mi sentido sobre este tipo de actuaciones, en las que se supone que pasa algo, es nulo. No veo nada más allá, sólo bailarines “danzando”.

Una vez terminada, volvimos al colegio, justo cuando las clases habían terminado. Luego tenía que ir a casa de Glen, que celebraba una barbacoa. Cada profesor que acudiera, tenía que llevar una cosa de comer, ya que es una costumbre de aquí: llevar algo para el anfitrión. Yo elegí hacer sangría, puesto que todos los kiwis que han ido a España o que conocen España tienen una cosa en común: les encanta la sangría. El problema es que aquí el alcohol es muy caro, así que con todo el morro le comenté a la profesora de la clase de al lado, que es la que llevaba todo el tema de comidas y platos, y cuyo nombre es Felicity, que el vino estaba muy caro, y que no podía permitírmelo. Ella, al oír hablar de sangría (ella ha estado en España y algunos años en Sudamérica, y le encantó), lo único que me dijo fue: “Tú sólo dime qué necesitas, y yo te lo compro”. Genial. Le dije la receta ayer y hoy tenía hecha la compra. Lo malo es que compró Sprite en vez de zumo de limón/Fanta limón, aunque finalmente eché zumo de naranja que Glen tenía por casa. Por lo tanto, yo ya cumplí con la tradición de llevar algo al anfitrión, pues preparé la sangría. No quedó mal, aunque a mí me parecía que le faltaba un poco de azúcar, pero puede que fuera por tener zumo de naranja en vez de zumo de limón. Aquellos que la probaron dijeron que estaba buena y sabrosa.

Pero antes de eso, estuve hablando con Nicole, porque me dijo que ella iría en coche hasta allá, y me dijo, puesto que no sabía dónde estaba la casa, que si quería me podía acercar a mí también. Así que teníamos que concretar la hora a la que me iba a recoger. Quedamos a las 16:30 en mi casa. A mí me parecía tarde, porque la barbacoa empezaba a las 16:00, pero como encima me llevaba, no dije nada.

Me fui a mi casa, y me dispuse a terminar unas entradas del blog, mientras la esperaba. Pero no lo hacía. Y seguía sin venir. Me mandó un sms diciéndome que salía para recogerme a las 16:50, pero seguía sin venir. Al final llegó a las 17:30 acompañada de su hermana (gemela), y es que resulta que la hermana se había retrasado por no sé qué historias que no vienen al caso.

Llegamos allí con toda la gente ya repartida, pero afortunadamente no habían empezado a comer. Hice la sangría, y estuve hablando con distintos profesores. Al final se hizo la carne y demás, y empezamos a comer. Había salchichas, filetes, patatas, maíz, pan, hamburguesas de tofu, salsa, y muuuchos postres (había un tiramisú, del cual comí un cuarto del total…).

Cuando llegó la hora de irse, me despedí de todos y me fui a Wellington a un evento benéfico, llamado “Cuba 4 CHCH” (no el país, sino la calle Cuba St.) ya que en los locales de dicha calle había una serie de conciertos y monólogos. El acudir a los conciertos te costaba 10 $NZ y podías ir a tantos como quisieras.


Para ir quedé con un par de japonesas y una alemana que era su primera semana en Wellington, y que iba al WBS. Cuando terminaron los conciertos, quedamos con el resto de los españoles y una filipina del WBS y con la que salimos un fin de semana (el que aún no he posteado), que habían venido más tarde y en coche. Pronto volvimos para casa porque al día siguiente íbamos a dormir en casa, ya que al día siguiente teníamos viaje. Yo me fui a dormir a casa de David, que tenía la casa libre, para no tener que ir por la mañana a Lower Hutt, lo que me llevaría una hora. La hora de amanecer eran las 7:30 de la mañana.

Jueves 24

Me he levantado bastante despejado en comparación con los otros días. Seb no dormía en casa, por lo que he aprovechado y me he levantado más tarde de lo normal. Tanto, que no he visto a Gillian por la mañana, puesto que se ha ido cuando yo estaba remoloneando en la cama. Esto de remolonear se está convirtiendo en algo bastante peligroso, porque es algo que te va afectando y no haces tampoco mucho por evitarlo… ¡se está tan a gustito en la cama!

Fui a clase, y antes del morning tea, los niños hicieron las historias en las que tienen que cumplir una tarea propuesto por el profesor.

Después del morning tea, Glen se tenía que ir a un funeral por que una chica de 21 años, hija de una ex-profesora del colegio, falleció hacía dos días. Yo de esto no me acordaba (lo anunciaron el martes durante el morning tea en el Staff Room) y según llegué a clase, vi a Glen más arreglado de lo normal, y le dije que si iba a alguna boda… Cuando finalmente lo recordé, pensé “Tierra, trágame”. Nicole me dijo que no pasaba nada, que no le diera importancia, pero la verdad es que al menos te sientes un poco estúpido.

El caso, que como se iba, nos dejaba a cargo de la clase hasta el lunch. Por lo tanto, Nicole y yo nos haríamos con el control de los alumnos y de la sesión. Para ello, nos dejó una tabla con los famosos grupos, y con las respectivas tareas que esos grupos tenían que hacer: leer pequeños libros (little books - LB), leer libros grandes (big books - BB), hacer letras con letras magnéticas y una pizarra metálica del tamaño de un cuadernillo (magnetic letters - MG), leer un libro y formular preguntas para asegurarnos que se han enterado (teacher - T), coger el libro que quieras y leerlo (libray shelf - LS), y por último, escribir la mayor cantidad de palabras que puedas (write words - WW). La verdad es que los alumnos funcionaron bien, no armaron líos, e hicieron su trabajo perfectamente.

Cuando terminaron recogieron la clase, y fueron a tomar el lunch. Yo me vine a casa, y comí la pasta que hice el día anterior. Divina.

Ya de vuelta al colegio, y si recordáis que un profesor me invitó a acompañarlos a jugar al “soccer”, me fui con los mayores, que tienen 12 años, a jugar al fútbol a un campo que hay cerca. El campo era de rugby, enorme, pero los profesores que iban con las clases (tres clases, con 35 niños en cada una), dividieron el campo en dos. Los chicos jugarían en un lado del campo, y las chicas en otro. Las chicas que mejor jugaran lo harían con los chicos. Se hicieron dos equipos por cada campo, y yo me puse a jugar con los chicos un partido.

Hacía un mes que no practicaba algún deporte, que tocaba algún balón, que corría… Tras unas cuantas carreras, estaba cansadísimo, pero no podía parar… ya que no sabía cuándo sería la próxima vez que jugaría al fútbol. Los niños se distribuían bastante bien por el campo, con las posiciones típicas del fútbol: goalkeeper (portero), defender (defensa), mildfield (centrocampista) y striker (delantero).

En cuanto al nivel, había algunos niños que jugaban bastante bien. Y es que, el fútbol (o soccer, como dicen ellos) es el deporte nacional aquí en NZ. Se practica mucho, los niños pequeños juegan al fútbol antes que a ningún otro deporte, y se sigue mucho. El rugby y el cricket, en cuanto popularidad, son deportes secundarios comparados con el fútbol; aunque sus selecciones nacionales (All Blacks y Black Cups, respectivamente) sean bastante más competitivas que la de fútbol (All Whites).

Una vez terminado el partido, el profesor que me invitó a venir (Clent), estuvo haciendo divisiones de los alumnos, para hacer los famosos grupos de nivel, ya que la semana que viene cada grupo realizará un entrenamiento. Clent me preguntó que si quería darles clase, y yo respondí que de acuerdo, que me prepararía una sesión de fútbol para ellos.

Volvimos al colegio, y Glen y la clase estaban en la biblioteca municipal, así que estuve con otra clase y con su profesora haciendo Ed. Física. Y resulta que, esa profesora, pensaba que era una borde y una antipática, porque nunca me saludaba; pero en realidad es bastante maja, y espero que a partir de ahora me salude cuando nos crucemos por el colegio.

Volví a casa, sin Seb, puesto que se iba con Simon, y decidí irme a Wellington a darme un paseo yo sólo y así no tener que quedarme en casa. Me fui a la embajada española, que hacía tiempo que quería pasar por ella, para saludar e informar de mi presencia en NZ. Allí, una mujer, que creo que era cántabra, me saludó, y me preguntó si había rellenado el impreso con mis datos, para en caso de haber algún problema, localizarme rápidamente. Le contesté que lo hice por Internet, a lo que me dijo que mejor hacerlo a mano porque el de Internet se guarda en el servidor de Internet de Madrid, y que era trabajoso acceder a esos datos desde aquí. Me dio unos papeles, y me invitó a acudir a las 17:30 del jueves a la sesión de cine de la última semana del mes. El mes pasado no pude ir porque tuve que cuidar del niño, y porque creía que se hacía cada jueves de la semana; y no dije a Gillian de no cuidar a Seb por eso, porque pensaba ir otro jueves cualquiera. Pero una vez, y no más. El jueves que viene iré a la embajada.

Después continué con mi paseo, conocí a una pareja española que hacía una ruta por NZ y que se iban a la Isla Sur al día siguiente. Y a un vasco que era su tercera estancia en NZ.

Me fui para casa, y estuve viendo una película mientras cenaba, ya que Gillian se había ido al teatro, y llegaría tarde. Me preparé un filete de ternera, estilo escalope, que estaba un poco soso. Después empecé a escribir las entradas antiguas para el blog, y me fui a la cama.

Miércoles 23

Me he despertado bastante confundido. Me dolía la cabeza, tenía la nariz taponada, y mi boca estaba sequísima, seguramente porque había pasado la noche entera con ella abierta porque no podía respirar por la nariz.

Gillian me ha dicho que tenía que traer a Seb a casa, y darle de cenar a eso de las 16:30 de la tarde, y que Simon le recogería a las 17:00 para llevarle a la piscina. Y en cuanto estaba diciendo eso, ha recibido un sms de Simon diciéndole que sería él quien recogería a Seb del colegio hoy, y mañana. Por lo tanto, y palabras literales de Gillian, “no tienes que trabajar ni hoy ni mañana”. Se ha dado la vuelta, y se ha ido, y mientras se estaba dando la vuelta ya estaba saltando con el puño en alto (de verdad de la buena). ¡¡Dos días más sin trabajar!! ¡Genial!

He ido al colegio con Seb, y le he avisado que luego le recogería Simon, y me ha dicho que ya lo sabía. Le he dejado en su clase, me he sacudido las manos, y me he ido a la mía. Allí ya estaban Nicole y Glen.

Antes del morning tea, he ayudado a los alumnos a escribir una pequeña historia o una pequeña narración de lo que ellos quieran, y que sirve para evaluar su capacidad escrita mediante superación de metas propuestas por el profesor, como, por ejemplo, “Escribir mi historia con una frase que incluya “y” o “porque” para que sea más completa”.

Después del morning tea han hecho los típicos grupos que le gustan a Glen (los 6 grupos con nombres de animales). Y ya me he enterado porqué los hacen: en NZ los alumnos de una misma clase se dividen en grupos, de forma que los integrantes de dichos grupos tengan el mismo nivel académico entre sí. Por eso, dependiendo del grupo, te encuentras con niños muy válidos y muy despiertos, o uno que tienes que estar insistiéndoles todo el rato en que averigüen la solución o lo que tengan que hacer. A veces llegaba a ser desesperante el porqué con unos grupos las cosas salían perfectas, y luego con el siguiente no funcionaban. Ahora sé el porqué, pero no entiendo las razones que tienen para dividir a los niños. En mi opinión, los alumnos que son más avispados, o más capaces están en continuo contacto con los alumnos que no lo son, de alguna forma tiran de ellos para que se incorporen al ritmo normal de la clase, y al nivel que desde la legislación se estipula. Sin embargo, en NZ los niños más avanzados se nutren entre ellos, y su avance intelectual es rápido, mientras que los niños con aprendizaje lento, no tienen con quien ayudarse, porque el nivel en el que se mueven es el mismo que el suyo, por lo que, yo creo, la desmotivación acaba por alcanzarles. No en estas etapas, pero sí en el High School (la Educación Secundaria, que empieza cuando tienen 13 años).

Hoy para el lunch tenía pensado hacer un perolo de pasta. Así que antes de salir por la mañana, le pregunté a Gillian si podía hacerlo. Ella me dijo que sí, que además ella iba a estar ocupada en una reunión por la tarde, y llegaría tarde a casa, así que podía hacerme la cena. Le contesté que tenía pensado hacer pasta para “lunchear”, no para cenar; pero que si ella no iba a estar en casa para cocinar, le podía preparar un plato de pasta para que no tuviera que hacerlo tras un largo día de trabajo. Le gustó la idea, y así, cuando llegué a casa, me puse manos a la obra. Cocí pasta, freí un poco de bacon, y cuando la pasta estuvo terminada, lo mezclé todo con un poco de mantequilla y unas hierbas italianas (orégano, albahaca, y no sé qué más). No tenía nata para echarle, y no me atrevía con la leche sabor queso que tienen en esta casa, así que lo dejé como estaba. En la nevera había queso, y había tomate, así que si lo encontraba “soso”, podía acompañar la pasta con una de esas cosas.

Yo tomé un poco de mi obra, y me pareció que los espaguetis sabían distinto de España, pero no estaban malos. Y volví al colegio sin poder conectarme al Skype. Una vez allí, y después de tomarme un paracetamol, me encargué de los alumnos (esta vez divididos en tres grupos: blue, green and red). El juego consistió en representar acciones cotidianas y rutinarias que cada uno tuviera a lo largo de un día normal. Y la verdad es que salió genial, a los niños les gustó, e incluso, uno de los profesores, el del primer día que izaba la bandera, me preguntó que qué era lo que tenían que hacer, y me dijo encantado que me pasara un día de la semana que viene por su clase para verla y ayudarles en lo que pudiera. Le respondí encantado que sí.

A todo esto, el martes Glen me dijo que, en la próxima semana, durante un par de días, me iba a mandar a distintas clases para que las viera y conociera un poco más el colegio; y además, me encargó la tarea de dar a 6 alumnos clases de español (6 al principio, pero puede que más tarde se apuntaran más), aunque esto último lo veo un poco difícil.

Después del colegio, y de NO tener que cuidar a Seb, quedé con algunos de los españoles en Courtenay Place para tomar unas cervezas, y luego volví pronto a casa. Cuando estaba volviendo, Gillian me envió un mensaje que diciendo que la pasta estaba sabrosa, y que era agradable encontrarse la cena preparada sin tener que cocinar. “Prueba superada” – pensé. Y es que vete tú a saber si la pasta le iba a gustar o no…

Ya llegué a casa y estuve hablando con ella. Me dijo que mañana y pasado no iba a estar en casa tampoco, así que me tenía que currar algo para cenar. “Ningún problema, creo que podré sobrevivir”, la dije.

Me fui a mi habitación y estuve intentando escribir algo para el blog, pero mi cabeza me daba vueltas, porque me había tomado un paracetamol y una pastilla para la congestión nasal, cuyo prospecto dice que puede causar somnolencia en algunas personas. Yo era una de esas personas.

Martes 22

El día de hoy ha sido más tranquilo. Al menos en lo que a la mañana se refiere… porque Seb no me ha despertado, así que genial.

Hoy, los niños tenían que ir vestidos, si ellos querían, de rojo y negro. ¿Por qué? Porque esos son los colores de la ciudad de Christchurch, y en el día de hoy, se cumplía un mes después del seísmo que asoló esa ciudad de la Isla del Sur. Yo también me he vestido así: camiseta roja, pantalón negro y las Converse rojas.

Hemos ido al colegio, yo sin desayunar nada (no sé por qué, últimamente estoy mucho más lento para hacer las cosas por la mañana… creo que la rutina me afecta, y remoloneo cada vez más). Antes de empezar las clases, todos los alumnos y profesores hemos salido fuera a conmemorar el terremoto. Había muchos niños y profesores vestidos con algo rojo y negro, a lo mejor el 90% de todo el colegio. Lo malo es que hacía el típico clima de Wellington: cielo cubierto con chirimiri y mucho viento, y la verdad es que estar ahí fuera era bastante desagradable.

Ya en clase, no he hecho nada de especial. He estado ayudando a unos niños a leer unos libros y a hacerles preguntas para cerciorarme de que han entendido lo que han leído. Lo más interesante ha llegado durante el morning tea, en el Staff Room: Glen celebra una barbacoa en su casa el viernes, y todos los profesores han sido invitados, incluido yo. Cada profesor que va, puede llevar un plato de comida, y si voy, porque todavía no sé si nos vamos a ir el viernes de viaje a algún sitio de la Isla Norte, no sé que puedo hacer o llevar… Tiempo tengo para pensar.

Y a la vez que estaba mirando la lista en la que te tienes que apuntar si quieres acudir a la barbacoa, ha venido Glen acompañado por otro profesor (uno de los 4 que hay en el colegio, acordaros) y me ha dicho que si quería ir con los alumnos más mayores (tres clases de 35 niños cada una, y que tienen 12 años) el jueves a jugar al fútbol a un campo que hay cerca del colegio. “¿Perdón? ¿Has dicho fútbol? ¿Dónde tengo que firmar?” Con el tiempo que llevo sin hacer nada, pero NADA de deporte, cualquier cosa sonaría bien… ¡pero es que encima es fútbol!

Le he dicho que llevo un mes sin jugar al fútbol, y que tengo unas ganas locas… así que por supuesto que iba.

Y ya tenía pensado irme, cuando me ha dicho que si también quería acompañarles, el viernes, al festival de teatro al que fui la semana pasada (llamado “Capital E”). “¡¡Jajaja!! ¿Es mi día de suerte? Claro que me apetece ir al teatro.” Glen me ha dicho que si no me importa que sean mayores… y le he dicho que no, porque en Madrid, cuando he hecho las prácticas, los niños con los que me he manejado tenían entre 10 y 12 años, y, sinceramente, los prefiero a los de 6. Lo que pasa es que, con el tema del inglés, a lo mejor es más complicado estar con los mayores, pero por intentarlo que no quede.

Después del morning tea han ido a la biblioteca, a continuar con la explicación sobre los terremotos, las medidas de prevención, y han llegado hasta los víveres necesarios que tienen que tener en casa por si tiene lugar un terremoto.

He ido a casa a lunchear, he estado hablando con Víctor y con Jorge por Skype, y luego he vuelto al colegio. Hemos hecho los famosos grupos, y he estado ayudando a los mismos que ayer: leer un libro, hacer preguntas. Y la hora ha llegado a su fin. Por lo demás, el día ha pasado sin más. He ido a casa, he cuidado de Seb, he hablado con algunos de los españoles, que tienen pensado quedar mañana para hablar de lo que vamos a hacer este fin de semana, y me he ido prontito a la cama, porque me dolía la cabeza y todo me daba vueltas, y seguía teniendo la tos ronca con muchos mocos…

Lunes 21

¡¡Me he despertado hoy alucinando!!¡Qué pasa! ¿Que es ese jaleo?” Pues resulta que eran Seb y sus dos hermanastros que se habían quedado a dormir el domingo por la noche aquí… “¡Gracias chavales! Apenas he dormido, estoy cansadísimo del fin de semana, ¿y os dedicáis a gritar y a despertar a la gente a las 5:30 de la mañana?

Pues nada, me he levantado rebotadísimo. Además, que me dolía la garganta, y tenía tos ronca con muuuchos mocos, y la voz un poco afónica. Pero he entrado en la ducha, y me he calmado. Eso, y que Gillian me ha dicho que se llevaba a los niños a la escuela… “Pues menos mal, porque sino a alguno le estampaba…”. Así que me he tomado el resto de preparación con calma. Tanto, que casi llego tarde.

Y fue entonces cuando me acordé que hoy iba a ir una chica de prácticas (como yo) a la clase de Glen (como yo). Cuando yo llegué, estaba siendo presentada a los niños. Se llama Nicole, es de Wellington, ha terminado la carrera de Magisterio en la Universidad Victoria (la más conocida de Wellington, sino la única), y tiene que hacer las prácticas para que le den una especie de postgrado. Me dijo que no había tenido prácticas a lo largo de su carrera, y que, por tanto, esta era la primera vez que se iba a encontrar con niños frente a frente. Yo le dije que si quería algo, o que si tenía algún problema, me lo dijera. Pero me da a mí, que el problema lo voy a tener yo… ¡¡Habla rapidísimo!! ¡Hasta los niños no la entienden, y tiene que repetirles! Es decir, “acento kiwi + rapidez = Decir “pardon?” muchas veces”.

En cuanto a las clases, en educación física, les he preparado unos ejercicios para que supieran las distintas posiciones respecto a alguien: “delante”, “detrás”, “al lado”, “en”, “encima”, “tocando”… Cosas así. Como por ejemplo: “poneros detrás de mí”, “poneros al lado de el tobogán”…

Cuando han acabado las clases, me he ido a casa, he cuidado de Seb y me he ido pronto a la cama, porque la garganta sigue tocada, tengo muchos mocos, y mi cabeza a veces me da vueltas…

Domingo 20: Rotorúa

Nos despertamos a las 8, yo más constipado que otra cosa. Apenas podía respirar por los mocos, y tosía mucho. La siguiente parada era Rotorúa.
Allí íbamos a ver maoríes y algún que otro géiser con lagos de agua de distintos colores puesto que emanaban de la corteza terrestre.

Nos pusimos en marcha tras repostar los coches, pasamos por una cascada muy conocida en Taupo (cascada Huka), y llegamos a Rotorúa una hora más tarde. Allí, fuimos al centro de información para ver qué podíamos hacer.

Decidimos ir a una villa maorí (Te Puia), en la que realizan actividades típicas de dicha raza, y hasta hacen bailes y hakas típicas; y después, en la misma villa, podíamos ver géiseres, barro caliente que sale de la tierra, y pequeños charcos de agua de distintos colores. Nos dirigimos hacia allá, previa parada en el lago Rotorua para descansar unos momentos y tomar algunas fotos. Después, nos fuimos para la villa.

Allí, asistimos primero a una representación de danzas típicas, y al protocolo que ellos tenían/tienen cuando conocen a alguien (los besos, por ejemplo, se dan con la nariz, con dos toquecitos de frente).


Después nos condujeron por toda la villa: donde hacen esculturas típicas maoríes con madera, ropa maorí, las casas, nos enseñaron un kiwi que tienen en cautividad (en realidad había dos, pero uno estaba escondido), y luego los géiseres, el barro y el agua de colores. En esa última zona olía a huevos podridos, y yo, que iba totalmente resfriado y no podía respirar por la nariz, y no olía nada, percibía algo de ese repugnante olor. Imaginaos el resto, que sí podían respirar, cómo estarían sufriendo.


Después de esto, nos fuimos a Wellington, porque teníamos que llegar a una hora prudente, ya que tardábamos 6 horas en llegar. Comimos en una gasolinera, y retomamos la marcha.

David, que conducía, y yo empezamos a jugar a un juego llamado “Muerto”, que consistía en avistar animales muertos en la carretera y el primero que dijera “muerto” se apuntaba un punto. Sé que es un poco cruel… pero es que daba mucho juego, ya que en cada kilómetro te podías encontrar dos o tres animales muertos. Jugamos durante una media hora, y llegamos a contar más de 50 animales (sin contar con las manchas de sangre y de pelo que quedaban en la carretera).

Nos lo pasamos bastante bien a la vuelta, jugando a eso, y haciendo otras chorraditas (pero nunca haciendo nada con el coche).

Llegamos a Lower Hutt a las 22:00, y dejamos los coches a las 22:15. Perdí el tren que pasaba a las 22:30 que iba a Wellington y tuve que esperar una hora al siguiente. Allí, conocí a un húngaro que me estuvo contando unas “movidas” bastante raras y sospechosas, como, por ejemplo, que él era un místico y mentalista y que tenía la teoría y el convencimiento que en Wellington iba a haber un terremoto de aquí a Noviembre, posiblemente en Julio, de una intensidad entre 7.8 y 8.3 en la escala de Ritcher. Y de esas muchísimas más, que tengo apuntadas en el móvil, pero que no voy a poner para no dar mucha más publicidad.

Llegué a la 1:00 a mi casa, y al día siguiente tenía que levantarme para ir al colegio… ¡qué bajón!

Sábado 19: Lago Taupo

Antes de nada, un mapa de la Isla Norte para que os situéis:



(Continúo la historia del viernes 18)

Ya estábamos todos para empezar el viaje. Nos distribuimos de la siguiente forma: Celia, Esther, Teresa y yo en el Ford; y David y Virginia en otro. Tardamos 6 horas en llegar a Taupo, pasando por valles increíbles, con montañas a los lados y enfrente. En cuanto cambiabas de valle, el aspecto del mismo cambiaba con respecto al anterior: de bosque a arbustos de color rosa, de esos arbustos a hierba, de la hierba a cultivos, de los cultivos a vegetación típica del Teide (nunca he estado, pero es lo que decían los demás cuando pasamos por allí). Vamos, una gozada.

Primero fuimos al hostal, para certificar nuestra reserva. Y resulta que teníamos que entregar el papel impreso de la misma, y no valía con el número ni con los datos de la misma. Tenía que estar el papel físicamente. Así que nos dedicamos a buscar el punto de información y un sitio dónde hacer impresiones. Encontramos los dos, y mientras unos iban a hacer la impresión, otros recogían información de las actividades que podíamos hacer aquí: saltar en paracaídas, parapente, bungy jumping/puenting, navegar por el lago Taupo, ir a las aguas termales, hacer rafting, ir en canoa por el lago, montarse en una lancha a motor y bajar a toda velocidad por uno de los ríos que desembocan en el lago, ir a alguna villa maorí, ver géiseres…

Nos decantamos por el bungy jumping/puenting, luego ir a navegar con un barco velero por el lago Taupo hasta unas estatuas esculpidas en rocas situadas a una hora y media navegando, y terminaríamos en unas aguas termales de libre acceso.

En primer lugar, el bungy. Nos costó unos 130 $NZ (al cambio son unos 70€), y la verdad es que a la hora de pagar no estaba yo muy convencido. Afortunadamente (¿o no?), cuando pagabas no podías devolver el dinero, así que no te quedaba otra que saltar, por lo que los nervios que te empiezan a surgir cuando te imaginas la situación empezaron a desaparecer. Fuimos al sitio desde donde tiene que saltar, y la verdad es que era un poco impresionante. Era precioso, pero impresionante. Y a pesar de todo, estaba tranquilo. “Qué raro” - me decía. Y es que no estaba nervioso ni un ápice. Y eso que antes de saltar, había una mujer que estaba pasándolo fatal porque no se atrevía a saltar, y cuando finalmente lo hizo (habían pasado 10 minutos), me empecé a poner ansioso porque quería saltar.

Cuando llegó mi turno, me pusieron la cuerda atada a los tobillos, me aseguraron que estaba bien enganchada, tanto a los tobillos como a un arnés que me pusieron en la cintura, y me pesaron. Me dijeron que si quería tocar el agua, y les dije que por supuesto, que con los brazos. El tío, que vacilaba a todos, me dio permiso para acercarme al saliente y me dijo que si estaba preparado. Fue entonces cuando vi a lo que me enfrentaba: 50 metros de caída libre. Y de pronto vinieron los nervios y las dudas. Mi cerebro decía: “¿Qué cojones estás haciendo? Que nos vamos a matar, estúpido”. Hice caso omiso de lo que mi cerebro decía, y de lo que mi boca salía (según mis amigos españoles, decía cosas sin sentido, pero eso sí, en inglés todo), y me concentré en lo que tenía que hacer. “¿Y qué tengo que hacer? ¿Cómo me tiro? ¿Qué hago cuando esté abajo?” Todas esas cosas me asaltaban, mientras estaba en el saliente. “No puedo hacerlo”. Y oí al tío que nos ponía los arneses contar hasta 0, y vi mi momento. En cuanto oí el cero, salté porque si no no iba a haber otro momento para ello. Y la sensación fue INCREÍBLE. Cierto que duró muy poco, pero cada vez que lo pienso, que recuerdo ese momento, noto como la adrenalina empieza a fluir por mi cuerpo… El saltar, que pienses que es insano, que es antinatural, sentir el vacío, la caída, y finalmente que la cuerda te frena y vuelves para arriba… es una sensación tan liberadora como apasionante... Sólo os digo que estuve gritando "Yes" y "Yeah" y otros palabros ingleses hasta que me recogieron, y tardaron lo suyo...

Este no soy yo, pero sí que es el salto que hice:


(Claramente, el próximo reto es el salto en paracaídas).

Después de eso, fuimos a comer al McDonalds, y cuando llegó la hora de salir en barco (a eso de las 17:00) nos acercamos al puerto y localizamos el barco que nos iba a llevar a las rocas antes mencionadas. El barco era un velero con motor, bastante bonito, y en el que íbamos los 6 españoles, un alemán que ya había viajado antes hasta allá, y que era amigo del capitán, y el propio capitán. El viaje duró dos horas y media, y las estatuas estaban muy viejas y apenas se veían. Eso sí, había un símbolo maorí esculpido en la pared de roca que era moderno, realizado relativamente hace poco, es decir, que no fue hecho por los antiguos habitantes de Taupo.

A la izquierda, al nivel del agua, se pueden ver las estatuas, mientras que en la pared aparece lo que os decía.


Cuando llegamos a tierra, nos dirigimos a las aguas termales. Seguimos el camino, y ya desde una distancia considerable veíamos el vapor del agua de dichas aguas termales. Serían las 20:00 de la tarde, y la temperatura iba bajando, pero no nos íbamos a ir sin probar algo típico de allí. Y tan placentero fue aquello, puesto que nunca había visto algo parecido (¡¡el agua emanaba de la tierra ardiendo!!), que estuvimos tres horas metidos en el agua… Tan relajante fue, que yo, que me sentía pletórico, me entró un sueño tremendo que casi me quedo dormido dentro del agua (aunque también es cierto que sólo había dormido una hora). Nos decidimos a abandonar las aguas termales, y fuimos a cenar al Burger King. Sí, tenemos mucha variedad, el McDonalds, y el Burger King; y de ahí a la cama que teníamos que descansar para ir al día siguiente a Rotoura.