Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

29 mar 2011

Viernes 18: Capital E, y primer viaje de fin de semana

Y llegó el viernes. La mañana ha sido tranquilita y placentera, y más aún sabiendo que me iba al teatro en menos de hora y media. Tenía una sonrisa en mi cara mientras iba con Seb al colegio.

Una vez allí, y después de despedirme de Seb (que en principio hasta el lunes no le volvía a ver, porque tenemos pensado salir por Wellington esta noche, salir en la madrugada hacia Taupo a eso de las 5 ó 6 y volver el domingo por la noche), he ido a mi clase, donde estaban la mayoría de niños esperando a que los autobuses llegaran.


Estos se han hecho de rogar, y hemos esperado bastante tiempo. Mientras, le he preguntado a Glen cuál era el plan de la excursión, zonas, horarios, y demás temas (sí, yo también me explico cómo a media hora de salir, todavía no sé cuál es el plan). Me ha dicho que era el siguiente: ir al Te Papa (os acordáis, el museo más famoso de NZ) a ver una actuación, tomar el morning tea en la plaza que hay en la entrada, y luego ir a la zona del puerto, dónde hay unas naves muy grandes, para presenciar otra obra. Una vez finalizada esta, volveríamos al colegio a la hora del Lunch. “Ok” he respondido.

Cuando los autobuses han llegado, los niños han formado en filas en el patio, siendo mi clase la última en entrar en los autobuses. Otra cosa que me ha llamado la atención en comparación con España, es que numerosos padres nos acompañaban en la excursión, para ayudar a los profesores en la tarea de cuidar a los alumnos. En mi clase no había más de 3 madres, pero en otras clases, sobre todo en la de 5 años, había un padre por cada 2/3 alumnos… una burrada.

Nos hemos puesto en marcha, en dirección a la primera obra de teatro, situada en un salón de actos del museo Te Papa. La obra estaba representada por los personajes de un famoso programa infantil aquí en NZ, llamado “Giggles”. El programa consiste en continuos sketches, pero la obra de teatro se centró en dos personajes (el programa parece ser que tiene unos 12 o más personajes distintos). La verdad es que fue bastante entretenido, y yo me llegué a reír bastante. Hicieron participar a los niños, los niños estaban encantados, y no era para nada aburrido.

Cuando terminó, y cuando salimos del museo, nos sentamos en la explanada de delante, tal y cómo los profesores tenían previsto, a tomar el “morning tea”. Cuando terminamos nos pusimos en marcha por la zona del puerto, que son unos 10 minutos andando, y llegamos a la nave dónde tendría lugar la segunda y última obra. Ésta consistía en que una mujer, que viaja dentro de una ballena, se da cuenta que, su medio de transporte (la ballena) está enferma, por lo que llama a un médico bastante torpe para que ayude a la ballena. Eso como sinopsis. Como obra es original, puesto que la ballena, que era de plástico hinchable, tenía partes móviles como las aletas, la boca, los párpados, la lengua… e incluso expulsaba agua por sus espiráculos (y aquí viene el “pero”), pero se hace muy lenta, además de que la nave carece de asientos, y los niños tienen que sentarse en el suelo, lo que imposibilita ver algo a los que se sientan en la 10ª fila. Si a mí se me hizo cargante, imaginaos para los niños.

Las obras fueron estas:


Volvimos al colegio, fui a casa a “lunchear”, y, una vez más, volví al colegio. No hice nada con los alumnos, y volví a casa.

Y aquí empieza otra historia completamente diferente. ¿Os acordáis de que el día anterior íbamos a mirar lo del coche que habíamos alquilado, y que al final se nos hizo la hora? Pues agarrarse que vienen curvas…


Quedé con Celia a las 4 y pico en Cuba St. para ir a la empresa de alquiler, de la cual no sabíamos ni el nombre. El nombre de la calle era un poco raro, y tuvimos que mirar dónde estaba. Lo encontramos en un mapa, y nos dimos cuenta de que no estaba muy lejos, por lo que fuimos andando. Nos dimos un paseo, y llegamos al sitio. Allí teníamos que dar algún dato e información, y justamente, ni Celia ni yo habíamos estado presentes en la reunión que se hizo para determinar a dónde íbamos a ir en el fin de semana. Así que, aparte de que el plan no estaba muy claro, no teníamos nada de información acerca del coche que, supuestamente, alquilamos (únicamente una dirección y el número de plazas del coche, que eran 8, nada más). Decidimos entrar y probar suerte. Nos pidieron un nombre. Probamos con los 8. Nada. Y fue cuando empezamos ronda de llamadas. Yo, que había recargado 20 $NZ el miércoles, me quedé sin saldo sin apenas haber conseguido nada. Probamos una vez más con los nombres, e incluso con la fecha de la reserva y el número de plazas, pero nada. La pobre mujer que nos estaba atendiendo hizo todo y más para encontrar nuestra supuesta reserva, pero finalmente desistió, y nos dijo que no había ninguna reserva, además de que no tenían ni un solo coche para alquilar durante ese fin de semana.

Whaaat!?” “¿Nos quedamos sin coche para viajar?”. Llamadita al canto para avisar de las novedades. “No tenemos coche. ¿Y ahora qué?

El mosqueo que llevaba encima (Celia también, obviamente) era bastante importante. No entendía por qué, yo, que no había ido a la reunión, y que apenas sabía nada del itinerario, tenía que ir encargarme de eso. Y Celia también pensaba más o menos lo mismo.

Pero otro fin de semana en Wellington… sólo la idea de eso me retumbaba en la cabeza. “Nos tenemos que ir de aquí, y viajar este fin de semana” - nos decíamos. Estuvimos mirando otras compañías de alquileres, pero ninguna tenía un coche. Madre mía, es que no te estoy pidiendo un Ferrari o una limusina, sólo es un coche. Pues que no. Sopesamos también la idea de ir en autobús, pero costaba, sólo la ida, 73 $NZ. ¿Y qué hacemos? Y no me acuerdo cómo, vino a la mente la idea de alquilar algún coche en el aeropuerto. “¡Claro!” Y nos comunicamos con David para ver si su “host-father” (el padre de la familia en la que está) le podía acercar al aeropuerto para preguntar. Y así lo hizo, consiguió dos coches de 5 plazas que salían más baratos que uno de 8, y allá que nos fuimos. Su “host-father” nos recogió con una furgoneta de alquiler de 12 plazas, que le había costado muy poco y nos llevó al aeropuerto. Nos dijimos que la próxima vez, era una de esas furgonetas las que necesitábamos.

Ya en el aeropuerto, no tuvimos problemas con el alquiler. La señora que nos atendió fue amabilísima. Nos trajeron los coches, y vaya coches. Uno era un Ford Falcon gris (que es como un A4, e incluso un poco más grande) y un Toyota Corolla Sedán gris oscuro. Ambos eran enormes. David conduciría el Toyota, y Celia, novata en estos lares, el Ford.

Como iban a ser ellos los que condujeran, decidieron salir a las 11 de Lower Hutt, dormir en el coche, y continuar el plan previsto de hacer cosas en Taupo. Así que acompañé a Celia a Lower Hutt para recoger a los demás. Pero algunos prefirieron quedarse en casa durmiendo y salir por la mañana; y otros salir por Wellington por la noche y después dormir en el coche. Y al final se hizo así.

Yo, que creía que íbamos a salir a las 11, y que había preparado todo para salir a esa hora, me encontraba en Lower Hutt, sin autobuses a mi casa y sabiendo que tendría que coger un taxi si es que me iba a mi casa a dormir. Deseché esa idea. Además, nadie me ofrecía una casa dónde poder dormir, así que tuve que irme a Wellington de fiesta, sin quererlo. Iban conmigo Rocío y Bea. Busqué un plano de autobuses nocturnos y vi que salía uno a Lower Hutt a las 4:30. Ese era el que me iba a coger.

Finalmente llegó la hora de volver, y Rocío y Bea no aparecieron, así que me cogí el autobús. Quedé con el resto (que estaban en Lower Hutt porque se habían quedado durmiendo), y nos pusimos en marcha a las 6 de la mañana tras recoger a todos los demás. Bea y Rocío avisaron de que se iban a quedar en Wellington.

(Cambio de día, aunque yo apenas durmiera una hora y para mí fuera todo el mismo día).

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