Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

22 feb 2011

Un primer día perfecto

Me desperté el día 20 de febrero (cumpleaños de mi preciosa madre, espero que recibieras el mensaje), después de haber dormido 11 horitas. Por lo tanto, me desperté a las 8:00 un pelín desorientado, pero rápidamente me di cuenta de dónde estaba. Era domingo, así que ni Gillian ni Seb tenían trabajo ni colegio respectivamente.

Gillian me dijo el día anterior que me iba a enseñar el camino para ir al centro (llamado Wellington Business School, o WBS) al que tengo que ir al día siguiente, y durante 2 semanas, para realizar un curso de inglés. Y así, también aprovechaba Gillian para hacer recados, compras, etc.

Íbamos a empezar por el itinerario que tenía que seguir para ir al WBS, cuando Seb empezó a quejarse porque quería ir al baño, así que tuvimos que ir al trabajo de Gillian (que trabaja en una empresa de publicidad, o eso es lo que entendí) para que Seb pudiera ir al baño, y ella aprovechó para coger un poco de trabajo atrasado.

La siguiente parada, y también por culpa de Seb, fue una tienda al más puro estilo El corte inglés para que se pudiera comprar un juguete que parece estar de moda llamado Blayblade o algo parecido.

Por fin, el niño estuvo ocupado como para que Gillian pudiera decirme la ruta a seguir, y estuve lo más atento que pude para acordarme de qué es lo que tenía que hacer, qué autobuses coger, en qué paradas bajarme y en cuáles subirme, etc… Finalmente llegamos al WBS, que está en una ciudad-pueblo llamada Lower Hutt (donde estan mis otros 7 compañeros viviendo), a una hora en transporte público desde mi casa. Para llegar tengo que coger dos buses, uno que atraviesa dos zonas tarifarias, y otro, que casualmente va al aeropuerto, y supongo que por eso es bastante caro, que atraviesa 4 zonas. El precio de cada viaje al WBS supera los 15 $NZ (unos 10€). Una burrada.
Después de ver el centro, que como buen domingo, estaba cerrado, volvimos a Wellington a hacer la compra. No os podéis imaginar la cantidad de carne que podían vender, y apenas había pescado. No me fijé si había galletas Gullón, cuando entre en otro supermercado, prestaré más atención.

Después de esto, volvimos a casa, tuvimos un ligero “lunch” (un plato frío de pasta con pollo). Y luego Gillian tenía que irse a una cita de trabajo y me pidió que si me quería quedar con Seb en la casa, o por si el contrario, quería ir con ella a Wellington y estar durante un par de horas cuidando de Seb en un parque y luego nos pasaba a recoger. Escogí la segunda opción, y nos fuimos al centro de Wellington (en coche), dónde nos separamos, y Seb y yo fuimos al parque Franklin al lado del mar, y ella se fue a la reunión.

Seb y yo pasamos realmente un buen rato, jugando al “Veo, veo”, traducido como “What are you seeing?” para que él lo entendiera. Me pegó un soberano repaso, en parte porque mi conocimiento de las palabras más técnicas en inglés es más bien escaso. A partir de ahí, Seb empezó a llamarme “buddy”, que se puede traducir como “amigo, colega”. Es un apelativo cariñoso que utiliza bastante para referirse a mí, siempre acompañado por una canción cuyas únicas palabras son “Álvaro buddy” y que continuamente repite. Intentaré hacer un vídeo de él cantando la canción.
Cuando Gillian vino a recogernos, me dijo que íbamos a visitar una zona bastante bonita: el mirador de Wellington. Hacía un día espectacular, caluroso, soleado, cantidad de gente que se había tirado a la calle… y me llevó a ese mirador, en donde se ve tooooda la bahía de Wellington, y, puede parecer cursi, pero me enamoré de esta ciudad. Es tan variada, tan pintoresca. No puedo explicar cómo es, pero sinceramente, pocos sitios como este hay en el mundo, y mucho menos, que yo haya conocido, o pueda conocer. Sólo con las vistas que tiene, es un lugar excepcional.

Allí, en el mirador, me encontré con una mujer joven española, de Barcelona, que se ha casado con un kiwi y que vive en una ciudad en el oeste de la isla norte, y estaba acompañada por sus padres: madre española y padre argentino. Tuvimos una grata conversación y me dio su teléfono si necesitaba algo: ayuda, trabajo, lo que fuera. Me recomendó también ir a la embajada española para saludar a gente de España porque la comunidad española es muy pequeña en NZ.
Después de eso, continuamos con el itinerario. Fuimos a la parte sur de Wellington, que casualmente, es el fin de la isla norte. Allí la zona es muy escarpada, el mar tiene pinta de engullir lo que se ponga por delante, y no es muy bonita, pero a pesar de eso la zona es preciosa porque es enorme, porque se ve la isla sur desde allí, porque el agua está helada, y porque, es, simplemente, impresionante. Dimos un paseo por la playa, y por las rocas que allí había, y nos volvimos a casa. Resulta que la misma calle en la que viven Gillian y Seb llega hasta allá, y tardamos unos 15 minutos en coche más o menos, así que imaginaros que calle…

Finalmente llegamos a casa, exhausto del día, y resulta que Gillian y un ¿amigo?, que no recuerdo ni el nombre, iban a preparar una barbacoa. Así que del tirón me comí 4 pinchos morunos, dos salchichas y un buen plato de ensalada, acompañado por pan de ajo… Me puse como el quico.
Y de ahí, directo a la cama, tras un día espectacular que me anima mucho al pensar que todos los días pueden ser como este. Al día siguiente tenía que levantarme pronto para ir a lo del WBS, y ver a mis compañeros tras un día y medio sin noticias suyas. Este domingo fue, claramente, un primer día perfecto.

El primer medio día

Según salí de la zona de tránsito del aeropuerto de Wellington, había una señora rubia, bajita, con cara sonriente que sostenía un cartel con mi nombre. Era Gillian, la madre del niño al que voy a cuidar. Al principio no creí que fuera ella, primero, porque la pregunté si era Gillian y creo que no obtuve respuesta a esa pregunta entre tanto “how are you” y demás frases para saludar; y segundo, porque me la imaginaba, no sé, más grande, más alta, mas rechoncha... Pero pasados unos minutos, comprobé que era ella. Mientras mi cabeza pensaba si era o no era ella, le expliqué porqué habíamos salido tarde, que la chica había tenido un problema con la maleta, y ella lo entendió perfectamente.
Nos subimos a su coche, un 307 gris. Y como sabéis, se conduce por la izquierda y la posición del volante está en la derecha, así que imaginaros el panorama: yo, que soy español, y por lo tanto tengo interiorizado cómo se conduce en España, estaba en la posición del conductor y el coche circulando en dirección contraria… era todo bastante raro.

El caso es que no me llevó directamente a casa. Tenía clase de canto en casa de una amiga con otras compañeras. Me presentó a la dueña de la casa, que es también la directora del coro, y resulta que había estado estudiando cuando iba al colegio español durante cuatro años, así que sabía algunas cosas. Y sinceramente, hablaba perfecto. A parte, su pronunciación del inglés era estupenda, y entendía perfectamente las cosas que decía o me preguntaba. También fui presentado a las compañeras de canto, y todas eran un sol, y estaban bastante impresionadas de que yo, después de 35 horas de viaje, recién llegado, pudiera estar tan cuerdo, e incluso, de pie.

La verdad es que fue una muy buena toma de contacto, porque pude comprobar lo sociables que llegan a ser los kiwis. Entre que me tiré un discurso en medio de las señoras sobre España, las antípodas, el sonido Ñ… y que luego estuve hablando con el hijo de la dueña de la casa, el cual me dijo que estaba haciendo un curso de preparación antes de incorporarse a la universidad (debía tener unos 16~17 años), se me pasaron esos momentos previos volando. Y luego la sesión de canto de las ladies fue todo un espectáculo. Me encantó. La edad de las mujeres oscilaba entre los 20ypico con los 60ymucho, y el registro de voces, variadísimo. Lo dicho, un espectáculo.

Después de una hora, que era lo que duraba la clase, Gillian me llevó a casa, dónde estaban sus padres, y el niño al que tengo que cuidar: Sebastian, más conocido como Seb (pronunciado Sib, y, como curiosidad, soy incapaz de pronunciarlo así, porque siempre digo Seb).

La primera impresión del niño es, literalmente, “a este no le gusta hacer nada”. ¿Por qué pensé eso? Porque el chaval estaba tumbado frente a la tele y no hacía caso de lo que, ni su madre, ni sus abuelos, ni yo le decíamos. “Vaya panorama”, pensé, “este niño es un vago y no quiere hacer nada”. Y la verdad es que, y la madre me lo dijo, es un friki de la televisión. Si se le dejara hacer lo que quisiera, se tragaría todos los programas que en Disney Channel pusieran. Porque sólo ve dibujos, y tiene raptada la tele para él sólo, ya que no permite que se cambie ni de canal.

Los abuelos finalmente se fueron a eso de las 18:00 o así, pero antes me dijeron que iba a estar el fin de semana que viene con ellos compartiendo casa porque Gillian tiene cosas que hacer. Mejor. Más gente con la que charlar.

Y desde las 18:00 horas, hasta que me fui a la cama, a eso de las 21:00, luchando por no caer dormido y poder así acostumbrarme al horario de aquí, porque se suelen ir a la cama a las 21:30 o así. Y para evitar quedarme dormido, hacía cosas para entretenerme: deshacer la maleta, me pegué una ducha, Gillian me enseñó la casa (es, sencillamente, genial; lo malo es que está bastante desordenada y llena de juguetes), estuve mirando la tele, y comprobando el correo.
Y cuando ya no pude más, caí rendido a la cama. Y así se acabó el primer día de mi estancia en NZ. O, al menos, el primer medio día.

Plan de vuelo

Plan de vuelo:
Madrid 17:40, 17 febrero ~ Londres 18:55, 17 febrero – British Airways
Londres 22:00, 17 febrero ~ Melbourne 6:30, 19 febrero – Qantas
Melbourne 8:50, 19 febrero ~ Wellington 14:25, 19 febrero – Qantas

Todas son horas locales. Para la hora de Londres sumar 1; para la hora de Melbourne restar 10, y para la de Wellington restar 12.
El viaje se resume en:
duración total: 33 horas aprox.
tramo de Londres a Melbourne: 23 horas
aprox.

Por fin llegó el día de la partida a las antípodas. Y la verdad es que estaba más nervioso por los preparativos que por el propio viaje.

La maleta que iba a ser facturada estaba preparada desde hacía dos días, y prácticamente cerrada a falta de que a última hora se me ocurriera algo que meter. A la familia de NZ le iba a regalar tres botellas de aceite de oliva, las cuáles las metí en una bolsa con un cierre hermético previo recubrimiento de un plástico de burbujas por si acaso el “cuidadoso” tratamiento que las maletas iban a recibir por parte de los encargados las pudiera romper.

En cuanto al equipaje de mano, la maleta grande estaba destinada a cargar con algo de ropa por si acaso la maleta que iba a ser facturada se perdía; los cargadores y enchufes; el ordenador portátil y demás parafernalia que no era importante para el disfrute del vuelo.
Y en la otra bolsa que podía llevar como equipaje de mano, no tenía ni idea de qué bolsa iba a coger. Al final me decanté por una mochila mediana de tamaño, en la que me pudieran entrar los apuntes de clase que me llevo para trabajar, el móvil, la cartera, algún libro, la guía de NZ que me cayó para Navidades, y la consola y el MP3 para entretenerme durante el vuelo tan largo.

Terminé de preparar todo, me duché, me despedí de mi madre porque no podía ir al aeropuerto porque tenía cosas que hacer en el colegio, y esperé a mi padre a que llegara. La verdad es que no tenía hambre pero me tomé un plato de pasta con mi padre antes de salir, por si acaso era la única comida decente que tenía en dos meses.

Había quedado a las 15:20 en el mostrador de Iberia de la T4, y salí de casa cuando el reloj marcaba las 15:15. Mi amigo David me llamó para preguntarme dónde estaba:
- “No problem, en 15 minutos estamos allí”, le dije.

Y así fue, en cuarto de hora estábamos en la T4. Allí nos encontramos ya 4 de las 5 personas que íbamos a viajar. Y llegaba el momento de facturar. Resulta, que tenía ligeras sospechas del peso de mi equipaje, ya que el límite está en 23 kg, y me daba que iba a pesar algo más. Así fue, pesé la maleta en unas de las balanzas que las compañías tienen allí, y la sorpresa fue mayúscula: ¡¡28 kg!! No me quedaba otra que aliviar peso metiendo cosas en la “maleta de mano”: un abrigo, las botas y la regleta de 4 enchufes que traía. El resultado, 23.9 kg tras envolver la maleta en una especie de celofán verde. La mujer de la British se reía diciendo que un poco más, y podía tener problemas con Qantas (compañía aérea australiana) porque el kilo de más es bastante más caro que en cualquier otra compañía, además de ser más inflexibles. Y resulta que, la “maleta de mano”, que como máximo podía pesar 7 kg, se fue hasta los 10 y mucho. Pero en ningún momento me la pesaron, así que, puesta la regla, hecha la trampa.

Aunque la noticia más importante no fue el tema del peso de la maleta, sino que en Londres hacía, al parecer, mal tiempo, así que no se sabía con seguridad si iba a haber vuelos hacia allá. Por eso, BA (British Airways) intentaba colocar a los máximos pasajeros posibles en vuelos que salieran antes para asegurarse su llegada a Londres. Por lo tanto, nosotros teníamos que ser colocados en un vuelo de Iberia que salía a las 16:30 (confirmado) y asegurarnos el coger el siguiente enlace (Londres – Melbourne), ya que el vuelo con el avión de BA que tenía que coger no estaba ni mucho menos confirmado.

¿Qué pasó?

Pues que mientras estaba envolviendo la maleta en el celofán verde, mis otros tres compañeros que estaban allí (sin noticias del 5º) se pusieron en el mostrador de BA y les dijeron todo lo que os he descrito antes:
mal tiempo en Londres > asegurar el vuelo siguiente > os metemos en el
vuelo de Iberia que sale ya mismo.

Y eso hicieron, y yo cuando llegué a facturar me encontré el panorama de que habían cerrado el vuelo, y me quedaba sin plaza en el vuelo de Iberia, y tenía que esperar a que el avión con el que tenía que viajar (el de BA de las 17:40) pudiera tomar la salida y llegar a Londres.
Mientras tanto vino el 5º integrante del grupo (“integranta” en este caso) y tuvimos que explicarle la situación un poco al trantrán.

Por lo tanto, la situación se quedaba así: tres personas se iban antes con Iberia, y otras dos (yo incluído) se quedaban en tierra a expensas de lo que pasara con el vuelo de BA. Tengo que recordar, que el vuelo de salida de Londres a Melbourne salía a las 22:00 horas de Londres (23:00 hora española). Las tres personas que se fueron antes tenían que coger el equipaje en Melbourne porque el sistema no permitía facturar maletas con dos días de antelación (ver plan de vuelo para comprobar que llegábamos a Wellington dos días más tarde). Es importante saber esto porque luego esto tiene más importancia de la que a simple vista se ve.

El caso es que mi compañera de vuelo y yo nos quedamos en tierra, y nos confirman que nuestro vuelo, por el momento, tiene una hora de retraso (eso a las 16:00) y todavía faltaba para las 18:40 que era la hora prevista de salida.

Estamos un rato por allí, acompañado por mi parte por mi padre y mi tía Mamen, y tres amigos (Pabs, Pablo y Alba); y finalmente nos metemos dentro de la terminal pasando el control. Vamos a la puerta de embarque de la que se supone que saldrá el vuelo, y estamos allí hasta que finalmente llega el avión, descarga a la gente que llegaba de la intempestiva Londres, y nos cargan. La hora: la que nos confirmaron, las 18:40.

Momentos antes me confirman por SMS que Esperanza Aguirre convoca Oposiciones para Maestro en 2011. No me llevaba nada de temario. Genial…

Llegamos a Londres sin problema dos horas antes de la salida de nuestro vuelo, y perfectamente llegamos a la puerta de embarque para la siguiente conexión. Allí nos encontramos con los tres compañeros que se habían ido antes, por lo que la “Compañía” está otra vez completa.
Allí nos enteramos que habrá una parada en Singapur para que el avión pueda repostar.

La verdad es que el avión (Boeing 747) era enooorme, con dos pisos, y una distribución de los asientos de 3 laterales – 4 centrales – 3 laterales. Resulta que, con la suerte que teníamos, la compañera con la que había viajado en BA y yo, estábamos en los dos asientos centrales de la fila central. Eso significaba que cada vez que quisiéramos visitar a los otros tres (esos estaban juntos 10 filas delante en la parte lateral) teníamos que molestar a la gente que iba en los extremos… Pero bueno, visto como eran las personas que nos tocaron al lado, que se fastidiaran (eran dos chicas bastante sosas).

La verdad es que este vuelo, que duró tanto, no tiene mucho que contar. Películas, dormir, charlar, películas, videoconsola, música, dormir. Como detalle decir que nos encontramos con una pareja de señores ya mayores, que eran españoles pero que emigraron hacía ¡43 años! allí.

Finalmente llegamos a Melbourne. Y allí se montó la de San Quintín. Acordaros que os decía que los tres que se fueron antes tenían que facturar su equipaje en este aeropuerto por la incapacidad del sistema de facturar maletas con dos días de antelación. Pues bien, resulta que a estos no les dejaban salir de la zona de tránsito a por el equipaje, facturarlo, y volver a entrar en dicha zona. Si alguno ha visto la película “La terminal” sabrá que es lo que estoy diciendo (más o menos). Al final, una buena mujer les dio unas indicaciones de dónde podían encontrar el punto de información de Qantas y lograron que unos empleados se acercaran a la zona de recogida del equipaje del vuelo de Londres-Melbourne, cogieran el equipaje correspondiente y lo mandaran al vuelo de Melbourne-Wellington.
Todo ello con una tensión y un estrés bastante considerable porque el vuelo salía en una hora, y el margen de maniobra era escasísimo. Al final, todo salió bien, pero no quitaba que fuera algo bastante angustioso.

Y al final cogimos el último vuelo, de unas 4 horas, que nos llevaría a NZ. La verdad es que me dio un bajón considerable del estado anímico porque me lo había pasado genial en los vuelos anteriores, y pensar que en poco tiempo iba a estar solo, en un ambiente distinto, sin hablar español…, no me agradaba ni me motivaba. Así que este vuelo fue bastante raro para mí.

Finalmente llegamos a Wellington, pasamos la aduana sin ningún problema, y fuimos a recoger el equipaje. Pues bien, a mi compañera de vuelo se le extravió el equipaje o no llegó, y tuvo que poner una queja. Yo me quedé con ella todo el rato que tuvo que esperar, mientras que los otros se tuvieron que ir obligados por la seguridad del aeropuerto (bastante pequeño, por cierto). La verdad es que se fueron tan rápido que apenas tuvimos tiempo de intercambiar teléfonos (los españoles).
Al final, la chica puso la reclamación, y salimos de la zona de tránsito entrando, por fin, en Nueva Zelanda.

17 feb 2011

La última noche en Madrid

Aquí estoy, a las 2 AM ultimando los detalles del equipaje. La maleta grandes está bien llena, no sé cuántos kilos puede pesar, pero espero que no supere los 23.
En cambio, el equipaje de mano (una maleta considerable para ser de "mano") la tengo medio vacía y me da rabia tener espacio libre. Pero ya se sabe, se vuelve más cargado de lo que se va. Así que, y haciendo bueno el dicho, voy a dejar la "maleta de mano" (para entendernos) tal y como está.
Y viene ahora la gran duda de qué llevar en la segunda bolsa que te permiten llevar en el avión (bolso, ordenador portátil), y que, en mi caso, es una mochila. Tengo que meter los aparatos demoníacos (que más de uno así los denominaría): cámara de fotos, móvil, videoconsola portátil, disco duro externo para el ordenador, el propio ordenador... junto con la tarea de la universidad que tengo que hacer allí, y algo de entretenimiento. ¿Libros? ¿Revistas? ¿CDs de música? ¿DVDs para ver en el PC? Veré según me susurre la inspiración divina.
Mientras tanto veo mi habitación que está, no desordenada, sino distribuida al libre albedrío, y pensar que voy a tener que ordenarla mañana me da una flojera...
En fin, en breves me voy a ir a dormir, pero antes voy a terminar de meter las cosas en la maleta de mano.
¡¡Mañana es el día del vuelo!!

14 feb 2011

Preparativos

Lunes. Faltan 3 días para el vuelo.

Llega un punto en el que estás deseoso de que llegue el día del viaje para dejar de preocuparte por los preparativos del mismo, y me parece que estoy en pleno proceso.
Pero, afortunadamente, todo lo que tengo pensado llevarme (o la gran mayoría, pues me falta, por ejemplo, el ordenador portátil, que seguramente sea el de mi padre) lo tengo ya localizado y preparado y eso me ahorrará (algo) el típico estrés de última hora de cerciorarse de si está todo, de si se me olvida algo, etc.
Me he hecho una lista con las cosas que me tengo que llevar, y voy añadiendo o suprimiendo cosas según me vaya acordando o según las vaya haciendo. Por ejemplo, esto es lo que tengo a estas alturas:
- Teléfono móvil.
- Ordenador.
- Ropa:
Camisetas: 7.
Camisetas deportivas: 2 (Rodelco Verde y Real Madrid/España).
Calzoncillos: 7.
Calcetines: 5 blancos, 2 azules/negros.
Pantalones: 2 vaqueros, 2 negros, 1 verde/marrón, 1 chandal, 1 pantalón corto, 1 pirata, bañador.
Sudaderas: 2.
Jerseys: 2.
Calzado: botas, Converse rojas, deportivas, ¿zapatos?, zapatillas de estar por casa.
Abrigos: Impermeable y que abrigue.
Pijama.
Chaquetas.
Bufanda.
- Aseo: lentillas, peine, cepillo de dientes, cuchilla.
- Adaptador de enchufes.
- Regletas.
- Email a la familia: situación casa, colegio, blog.
- Viaje de la última semana.
- Llevar cosas de estudio.
- Cosas personales (PSP, cartera, libros...).
- Original de penales.
La lista se irá reduciendo según pasen las horas, y espero que sea más antes, que después.