Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

22 feb 2011

Plan de vuelo

Plan de vuelo:
Madrid 17:40, 17 febrero ~ Londres 18:55, 17 febrero – British Airways
Londres 22:00, 17 febrero ~ Melbourne 6:30, 19 febrero – Qantas
Melbourne 8:50, 19 febrero ~ Wellington 14:25, 19 febrero – Qantas

Todas son horas locales. Para la hora de Londres sumar 1; para la hora de Melbourne restar 10, y para la de Wellington restar 12.
El viaje se resume en:
duración total: 33 horas aprox.
tramo de Londres a Melbourne: 23 horas
aprox.

Por fin llegó el día de la partida a las antípodas. Y la verdad es que estaba más nervioso por los preparativos que por el propio viaje.

La maleta que iba a ser facturada estaba preparada desde hacía dos días, y prácticamente cerrada a falta de que a última hora se me ocurriera algo que meter. A la familia de NZ le iba a regalar tres botellas de aceite de oliva, las cuáles las metí en una bolsa con un cierre hermético previo recubrimiento de un plástico de burbujas por si acaso el “cuidadoso” tratamiento que las maletas iban a recibir por parte de los encargados las pudiera romper.

En cuanto al equipaje de mano, la maleta grande estaba destinada a cargar con algo de ropa por si acaso la maleta que iba a ser facturada se perdía; los cargadores y enchufes; el ordenador portátil y demás parafernalia que no era importante para el disfrute del vuelo.
Y en la otra bolsa que podía llevar como equipaje de mano, no tenía ni idea de qué bolsa iba a coger. Al final me decanté por una mochila mediana de tamaño, en la que me pudieran entrar los apuntes de clase que me llevo para trabajar, el móvil, la cartera, algún libro, la guía de NZ que me cayó para Navidades, y la consola y el MP3 para entretenerme durante el vuelo tan largo.

Terminé de preparar todo, me duché, me despedí de mi madre porque no podía ir al aeropuerto porque tenía cosas que hacer en el colegio, y esperé a mi padre a que llegara. La verdad es que no tenía hambre pero me tomé un plato de pasta con mi padre antes de salir, por si acaso era la única comida decente que tenía en dos meses.

Había quedado a las 15:20 en el mostrador de Iberia de la T4, y salí de casa cuando el reloj marcaba las 15:15. Mi amigo David me llamó para preguntarme dónde estaba:
- “No problem, en 15 minutos estamos allí”, le dije.

Y así fue, en cuarto de hora estábamos en la T4. Allí nos encontramos ya 4 de las 5 personas que íbamos a viajar. Y llegaba el momento de facturar. Resulta, que tenía ligeras sospechas del peso de mi equipaje, ya que el límite está en 23 kg, y me daba que iba a pesar algo más. Así fue, pesé la maleta en unas de las balanzas que las compañías tienen allí, y la sorpresa fue mayúscula: ¡¡28 kg!! No me quedaba otra que aliviar peso metiendo cosas en la “maleta de mano”: un abrigo, las botas y la regleta de 4 enchufes que traía. El resultado, 23.9 kg tras envolver la maleta en una especie de celofán verde. La mujer de la British se reía diciendo que un poco más, y podía tener problemas con Qantas (compañía aérea australiana) porque el kilo de más es bastante más caro que en cualquier otra compañía, además de ser más inflexibles. Y resulta que, la “maleta de mano”, que como máximo podía pesar 7 kg, se fue hasta los 10 y mucho. Pero en ningún momento me la pesaron, así que, puesta la regla, hecha la trampa.

Aunque la noticia más importante no fue el tema del peso de la maleta, sino que en Londres hacía, al parecer, mal tiempo, así que no se sabía con seguridad si iba a haber vuelos hacia allá. Por eso, BA (British Airways) intentaba colocar a los máximos pasajeros posibles en vuelos que salieran antes para asegurarse su llegada a Londres. Por lo tanto, nosotros teníamos que ser colocados en un vuelo de Iberia que salía a las 16:30 (confirmado) y asegurarnos el coger el siguiente enlace (Londres – Melbourne), ya que el vuelo con el avión de BA que tenía que coger no estaba ni mucho menos confirmado.

¿Qué pasó?

Pues que mientras estaba envolviendo la maleta en el celofán verde, mis otros tres compañeros que estaban allí (sin noticias del 5º) se pusieron en el mostrador de BA y les dijeron todo lo que os he descrito antes:
mal tiempo en Londres > asegurar el vuelo siguiente > os metemos en el
vuelo de Iberia que sale ya mismo.

Y eso hicieron, y yo cuando llegué a facturar me encontré el panorama de que habían cerrado el vuelo, y me quedaba sin plaza en el vuelo de Iberia, y tenía que esperar a que el avión con el que tenía que viajar (el de BA de las 17:40) pudiera tomar la salida y llegar a Londres.
Mientras tanto vino el 5º integrante del grupo (“integranta” en este caso) y tuvimos que explicarle la situación un poco al trantrán.

Por lo tanto, la situación se quedaba así: tres personas se iban antes con Iberia, y otras dos (yo incluído) se quedaban en tierra a expensas de lo que pasara con el vuelo de BA. Tengo que recordar, que el vuelo de salida de Londres a Melbourne salía a las 22:00 horas de Londres (23:00 hora española). Las tres personas que se fueron antes tenían que coger el equipaje en Melbourne porque el sistema no permitía facturar maletas con dos días de antelación (ver plan de vuelo para comprobar que llegábamos a Wellington dos días más tarde). Es importante saber esto porque luego esto tiene más importancia de la que a simple vista se ve.

El caso es que mi compañera de vuelo y yo nos quedamos en tierra, y nos confirman que nuestro vuelo, por el momento, tiene una hora de retraso (eso a las 16:00) y todavía faltaba para las 18:40 que era la hora prevista de salida.

Estamos un rato por allí, acompañado por mi parte por mi padre y mi tía Mamen, y tres amigos (Pabs, Pablo y Alba); y finalmente nos metemos dentro de la terminal pasando el control. Vamos a la puerta de embarque de la que se supone que saldrá el vuelo, y estamos allí hasta que finalmente llega el avión, descarga a la gente que llegaba de la intempestiva Londres, y nos cargan. La hora: la que nos confirmaron, las 18:40.

Momentos antes me confirman por SMS que Esperanza Aguirre convoca Oposiciones para Maestro en 2011. No me llevaba nada de temario. Genial…

Llegamos a Londres sin problema dos horas antes de la salida de nuestro vuelo, y perfectamente llegamos a la puerta de embarque para la siguiente conexión. Allí nos encontramos con los tres compañeros que se habían ido antes, por lo que la “Compañía” está otra vez completa.
Allí nos enteramos que habrá una parada en Singapur para que el avión pueda repostar.

La verdad es que el avión (Boeing 747) era enooorme, con dos pisos, y una distribución de los asientos de 3 laterales – 4 centrales – 3 laterales. Resulta que, con la suerte que teníamos, la compañera con la que había viajado en BA y yo, estábamos en los dos asientos centrales de la fila central. Eso significaba que cada vez que quisiéramos visitar a los otros tres (esos estaban juntos 10 filas delante en la parte lateral) teníamos que molestar a la gente que iba en los extremos… Pero bueno, visto como eran las personas que nos tocaron al lado, que se fastidiaran (eran dos chicas bastante sosas).

La verdad es que este vuelo, que duró tanto, no tiene mucho que contar. Películas, dormir, charlar, películas, videoconsola, música, dormir. Como detalle decir que nos encontramos con una pareja de señores ya mayores, que eran españoles pero que emigraron hacía ¡43 años! allí.

Finalmente llegamos a Melbourne. Y allí se montó la de San Quintín. Acordaros que os decía que los tres que se fueron antes tenían que facturar su equipaje en este aeropuerto por la incapacidad del sistema de facturar maletas con dos días de antelación. Pues bien, resulta que a estos no les dejaban salir de la zona de tránsito a por el equipaje, facturarlo, y volver a entrar en dicha zona. Si alguno ha visto la película “La terminal” sabrá que es lo que estoy diciendo (más o menos). Al final, una buena mujer les dio unas indicaciones de dónde podían encontrar el punto de información de Qantas y lograron que unos empleados se acercaran a la zona de recogida del equipaje del vuelo de Londres-Melbourne, cogieran el equipaje correspondiente y lo mandaran al vuelo de Melbourne-Wellington.
Todo ello con una tensión y un estrés bastante considerable porque el vuelo salía en una hora, y el margen de maniobra era escasísimo. Al final, todo salió bien, pero no quitaba que fuera algo bastante angustioso.

Y al final cogimos el último vuelo, de unas 4 horas, que nos llevaría a NZ. La verdad es que me dio un bajón considerable del estado anímico porque me lo había pasado genial en los vuelos anteriores, y pensar que en poco tiempo iba a estar solo, en un ambiente distinto, sin hablar español…, no me agradaba ni me motivaba. Así que este vuelo fue bastante raro para mí.

Finalmente llegamos a Wellington, pasamos la aduana sin ningún problema, y fuimos a recoger el equipaje. Pues bien, a mi compañera de vuelo se le extravió el equipaje o no llegó, y tuvo que poner una queja. Yo me quedé con ella todo el rato que tuvo que esperar, mientras que los otros se tuvieron que ir obligados por la seguridad del aeropuerto (bastante pequeño, por cierto). La verdad es que se fueron tan rápido que apenas tuvimos tiempo de intercambiar teléfonos (los españoles).
Al final, la chica puso la reclamación, y salimos de la zona de tránsito entrando, por fin, en Nueva Zelanda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario