Nueva Zelanda. UTC/GMT +12 horas.
¿Y esto qué es?
Pues significa que existe una diferencia horaria de 12 horas entre NZ y España, por lo que la comunicación será un tanto difícil.
Por ello, este blog será el punto de encuentro en el que yo plasmaré mis experiencias allí vividas, y vosotros podréis leerlas.

22 feb 2011

El primer medio día

Según salí de la zona de tránsito del aeropuerto de Wellington, había una señora rubia, bajita, con cara sonriente que sostenía un cartel con mi nombre. Era Gillian, la madre del niño al que voy a cuidar. Al principio no creí que fuera ella, primero, porque la pregunté si era Gillian y creo que no obtuve respuesta a esa pregunta entre tanto “how are you” y demás frases para saludar; y segundo, porque me la imaginaba, no sé, más grande, más alta, mas rechoncha... Pero pasados unos minutos, comprobé que era ella. Mientras mi cabeza pensaba si era o no era ella, le expliqué porqué habíamos salido tarde, que la chica había tenido un problema con la maleta, y ella lo entendió perfectamente.
Nos subimos a su coche, un 307 gris. Y como sabéis, se conduce por la izquierda y la posición del volante está en la derecha, así que imaginaros el panorama: yo, que soy español, y por lo tanto tengo interiorizado cómo se conduce en España, estaba en la posición del conductor y el coche circulando en dirección contraria… era todo bastante raro.

El caso es que no me llevó directamente a casa. Tenía clase de canto en casa de una amiga con otras compañeras. Me presentó a la dueña de la casa, que es también la directora del coro, y resulta que había estado estudiando cuando iba al colegio español durante cuatro años, así que sabía algunas cosas. Y sinceramente, hablaba perfecto. A parte, su pronunciación del inglés era estupenda, y entendía perfectamente las cosas que decía o me preguntaba. También fui presentado a las compañeras de canto, y todas eran un sol, y estaban bastante impresionadas de que yo, después de 35 horas de viaje, recién llegado, pudiera estar tan cuerdo, e incluso, de pie.

La verdad es que fue una muy buena toma de contacto, porque pude comprobar lo sociables que llegan a ser los kiwis. Entre que me tiré un discurso en medio de las señoras sobre España, las antípodas, el sonido Ñ… y que luego estuve hablando con el hijo de la dueña de la casa, el cual me dijo que estaba haciendo un curso de preparación antes de incorporarse a la universidad (debía tener unos 16~17 años), se me pasaron esos momentos previos volando. Y luego la sesión de canto de las ladies fue todo un espectáculo. Me encantó. La edad de las mujeres oscilaba entre los 20ypico con los 60ymucho, y el registro de voces, variadísimo. Lo dicho, un espectáculo.

Después de una hora, que era lo que duraba la clase, Gillian me llevó a casa, dónde estaban sus padres, y el niño al que tengo que cuidar: Sebastian, más conocido como Seb (pronunciado Sib, y, como curiosidad, soy incapaz de pronunciarlo así, porque siempre digo Seb).

La primera impresión del niño es, literalmente, “a este no le gusta hacer nada”. ¿Por qué pensé eso? Porque el chaval estaba tumbado frente a la tele y no hacía caso de lo que, ni su madre, ni sus abuelos, ni yo le decíamos. “Vaya panorama”, pensé, “este niño es un vago y no quiere hacer nada”. Y la verdad es que, y la madre me lo dijo, es un friki de la televisión. Si se le dejara hacer lo que quisiera, se tragaría todos los programas que en Disney Channel pusieran. Porque sólo ve dibujos, y tiene raptada la tele para él sólo, ya que no permite que se cambie ni de canal.

Los abuelos finalmente se fueron a eso de las 18:00 o así, pero antes me dijeron que iba a estar el fin de semana que viene con ellos compartiendo casa porque Gillian tiene cosas que hacer. Mejor. Más gente con la que charlar.

Y desde las 18:00 horas, hasta que me fui a la cama, a eso de las 21:00, luchando por no caer dormido y poder así acostumbrarme al horario de aquí, porque se suelen ir a la cama a las 21:30 o así. Y para evitar quedarme dormido, hacía cosas para entretenerme: deshacer la maleta, me pegué una ducha, Gillian me enseñó la casa (es, sencillamente, genial; lo malo es que está bastante desordenada y llena de juguetes), estuve mirando la tele, y comprobando el correo.
Y cuando ya no pude más, caí rendido a la cama. Y así se acabó el primer día de mi estancia en NZ. O, al menos, el primer medio día.

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